ARQUEOLOGÍA DEL GÉNERO

Siglo X d.C.En el interior de una habitación decorada con pieles de animales, cerámicas de Renania, cortinas de seda y alfombras bizantinas, dos mujeres jugaban desnudas una partida de Hnefatafl. Una pertenecía a una importante familia de comerciantes y la otra era una skjaldmö de alto rango.—¡Gané! —exclamó la última, victoriosa.—Alguna vez podrías dejarme ganar...—¡Ni hablar!La skjaldmö apartó el tablero a un lado para atrapar entre sus brazos a su amada. Con la risa vibrando en su pecho, la hija de comerciantes acarició su cuerpo musculoso, curtido por el sol y cubierto de cicatrices.—Cuando regreses de la incursión te cobraré la revancha.—Y yo reclamaré de nuevo mi recompensa.Sin embargo, aquella incursión fue más difícil de ganar que cualquier partida de Hnefatafl, y la skjaldmö regresó a su hogar aferrándose a la vida. Sus hombres la depositaron sobre el camastro que atesoraba las risas y los gemidos compartidos. Mientras le secaba las lágrimas a su amada le prometió:—Nos reuniremos en el Valhalla.Y entre sus labios exhaló su último aliento.Finales del siglo XIX d.C.Habían llegado al corazón del yacimiento vikingo: una cámara funeraria maravillosamente conservada en la que un esqueleto reposaba en posición sentada. Estaba vestido con prendas de seda y adornos de hilo de plata, y entre sus manos sostenía unas piezas de juego semejantes a las del ajedrez. El ajuar que le acompañaba incluía una espada, un hacha, una lanza, flechas perforadoras, un cuchillo de batalla, dos escudos y dos caballos, una yegua y un semental.
Tumba Bj 581 Eufórico, el arqueólogo anunció:—¡Esta tumba debió de pertenecer a un gran guerrero vikingo, sin lugar a duda!128 años después—¡Es increíble que hasta ahora ningún experto haya revisado los huesos!—Las dimensiones de la mandíbula y la pelvis apuntan a que se trataba de una persona de sexo femenino —indicó la bioarqueóloga.—¿Y no pudiera ser que se hayan mezclado los huesos o etiquetado incorrectamente desde la excavación? —preguntó su colega, frunciendo el ceño.—Analizaremos el ADN mitocondrial de varios huesos para confirmar o descartar esa posibilidad. Por otra parte, el ADN nuclear revelará el sexo cromosómico.Cuando llegaron los resultados del laboratorio la bioarqueóloga anunció con la calma que la caracterizaba:—Los huesos pertenecen a la misma persona y sus cromosomas sexuales son XX.
NOTA: Este relato está inspirado en la Guerrera vikinga de Birka, que hasta hace 9 años se consideraba un "guerrero" por las expectativas de género asociadas al ajuar encontrado en su tumba. Si tenéis curiosidad sobre cómo se relaciona la arqueología con la identidad sexual, a continuación os dejo un vídeo de PutoMikel (Mikel Herrán), arqueólogo y divulgador español:

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