TRADUCTOR

ODA A...

La sostenía entre las manos delicadamente,
como si en cualquier momento temiera romperla.
Acariciaba sus curvas perfectas
con los ojos puestos en su centro
atravesando con la mirada su piel cristalina.
¡Veía su corazón!
Su alma enrevesada, manojo de cilios de cobre.
Pero estaba apagada,
el cuerpo frío, dormido.
Afortunadamente, él sabía cómo despertarla.
Sólo hizo falta una leve presión
en los botones adecuados.
Entonces se oyó un chisporroteo,
la electricidad fluyendo por sus venas,
y su alma se encendió.
La sala se llenó de luz anaranjada,
y él, gracias a su musa amada,
encontró la inspiración que buscaba.







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