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Relato juevero: metamorfosis


METAMORFOSIS

La bañera estaba ardiendo cuando me metí. Me tumbé completamente aferrándome con los brazos a los laterales de porcelana, hasta que el agua me llegó a las orejas, y las sales disueltas comenzaron a desteñir mi pelo poco a poco. También sumergí las manos; cuando por fin se reblandecieron, me quité las uñas postizas una a una. En la cajita correspondiente guardé las lentillas que cambiaban el color mis irises de marrón a verde. Después, alcancé un cigarrillo, lo encendí -el resplandor se reflejó en forma de ondas doradas- y me lo llevé a la boca mientras acomodaba la nuca en el borde.
Pensé en cuando era tan pequeña -una larva- que no entendía lo que ocurría en el barrio en el que me estaba criando.
Pensé en el día que lo entendí, y en vez de huir o tratar de cambiarlo, acepté las drogas y el sexo a cambio de dinero.
Pensé en las heridas, en las cicatrices que se habían curado, en las que aún amenazaban con volver a abrirse.
Pensé, pensé, pensé...
El cigarro se consumió. Mis ojos volvían a ser marrones, mis uñas las mismas uñas moridas de siempre, mi pelo cobrizo. El agua tibia.
Por fin tomé la decisión: ya iba siendo hora de que emergiera la mariposa que llevaba tanto tiempo esperando dentro de mí.









UN VIAJE EXCEPCIONAL (maleta 1)

En su blog Variétés, Ginebra nos ha dejado uno de sus proyectos para entretenernos durante el verano; esta vez tenemos que elegir una de las maletas e incluir en el relato/poema las palabras que la acompañan. Os animo a que participéis.
De momento, aquí os dejo con mi primera maleta:




Relato juevero: cine de barrio

CINE

Siempre había sido más de sofá y palomitas, reservando el cine para días especiales, pero ese día era más que especial.
Nos reunimos en la esquina de siempre, la de la farmacia. Tu pelo blanco con reflejos morados y tus sonrientes ojos castaños me saludaron mucho antes de que nos abrazásemos, ilusionadas. Echamos a caminar hablando de unas y otras cosas; los estudios, los trabajos, las parejas, los amigos en común, la familia... En un abrir y cerrar de ojos llegamos.
Subimos las largas escalinatas que daban a las concurridas taquillas y, tras esperar en la fila, pedimos nuestras entradas. Si no fuera por las monedas que repiquetearon sobre la mesa y por el tacto del papel entre mis dedos, pensaría que estaba en un sueño. Para entrar en el cine le enseñamos las entradas al revisor, que después de picarlas nos las devolvió con una sonrisa. "Es la más taquillera", nos dijo. Tú te limitaste a contestar que seguro que no era para tanto y entramos.
El cine siempre me ha parecido un antiguo teatro, con las bailarinas de ballet bailando a nuestro alrededor desde las paredes.
La sala, con sus características butacas tapizadas de rojo, estaba casi llena. Conseguimos sentarnos más o menos en el centro y esperamos. Esperamos, esperamos... La pantalla nos mostró quince minutos de trailers y la película, por fin, comenzó.
Fue extraño y emocionante verla de aquella manera tantos años después de crearla, y cuando llegaron los créditos finales acompañados con la música de la guitarra, ambas estábamos llorando junto con el resto de personas de la sala, pero por motivos completamente diferentes. 
-Mira, ahí está tu nombre -señalaste la pantalla.
-Y ahí está el tuyo.
Nuestro barrio.

Nuestro cine. 

Nuestra película.