TRADUCTOR

Relato juevero: la fuerza del amor



AMOR

Todo empezó un 14 de febrero
lluvioso y frío, pero no por ello menos perfecto.
Agarrada de tu brazo que sostenía el paraguas,
paseamos sin pensarlo hasta una librería en el centro
y entre risas y libros nos fuimos conociendo.

A aquel primer encuentro le sucedieron el segundo y el tercero,
hasta que en el cuarto llegó el tan esperado momento:
un verso que se torna en beso.
"Los besos son como las cerezas:
uno lleva otro" bien dice el probervio.

Y juntos descubrimos un mundo entero
de amor
de respeto
de locura que todo lo cura
y de caricias que quitan el aliento.

Juntos afrontamos vendavales
y juntos nos convertimos en
 los directores de nuestro propio concierto.
Pero no hace falta que sea 14 de febrero
para decirte lo que siento...

Amor,
te quiero






Más historias de amor


LIBERTAD

Vuelvo con una Variété del blog de Ginebra, esta vez inventando una cita de no más de 50 palabras que se convierta en el columpio para escribir un relato, poema o reflexión. Además, en ella había que elegir una de estas palabras: dolor/libertad/pasión y un adverbio de tiempo. Difícil, ¿eh? Pero como no hay nada imposible, y ya que es el primer proyecto del año, no he dudado en participar. Quizás un poco tarde porque me ha costado encontrar la frase adecuada. Al final decidí rescatar a los personajes de los relatos Mar y Límites, y este ha sido el resultado:




Relato Juevero: collages temáticos


 PAPILIO ANTARTICUS




El despacho de la entomóloga era como un museo a pequeña escala, con miles y miles de cuadros que enmarcaban a miles y miles de insectos.
He encontrado una nueva.
Un hombre irrumpió en la sala sin llamar siquiera a la puerta. La experta, que se encontraba inclinada sobre su escritorio ensartando una Ornithoptera Alexandrae le hizo caso omiso hasta que por fin estuvo satisfecha con el resultado final. Entonces levantó la vista tras sus grandes gafas de pasta y le preguntó:
¿Ya has vuelto de otro de tus viajes? ¿Qué has encontrado esta vez, Julien?
Como la respuesta a la primera pregunta era obvia, contestó sólo a la segunda:
Otra mariposa sus ojos azules brillaban con intensidad.
A ver... Extendió la mano, ansiosa, pero él mantuvo las suyas tras su espalda, escondiendo el tarro que contenía a la mariposa.
No. Primero querrás saber dónde la he encontrado.
La entomóloga enarcó las cejas. Nunca había visto a su socio tan misterioso.
¿Dónde? le siguió el juego.
En la Antártida.
¡Eso es imposible! La mariposas necesitan temperaturas cálidas para desarrollarse.
El barbudo hombre le dedicó una sonrisa triste. Descubrió el frasco. Dentro, una mariposa del color de la escarcha aleteaba trémulamente; era tan etérea que la mujer tuvo que bizquear para verla bien.
Papilio Antarticus... Maldito sea el cambio climático...

Otros collages jueveros