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GRITAR

A veces tu única salvación es gritar. 
Gritar y esperar que alguien te oiga. 
Tienes miedo. 
Sientes impotencia y logras romper el silencio cuando mueves los labios y tus cuerdas vocales vibran tanto como las cuerdas de una guitarra eléctrica. 
Te duele la garganta al mantener la última nota y el aire es expulsado lentamente de tus pulmones, ahogándote en el sonido. 
Has cerrado los ojos con fuerza y dudas que cuando los abras no te vayan a doler. 
Aprietas los puños y gotas de sangre comienzan a deslizarse entre tus dedos debido a los cortes de tus uñas en las palmas de las manos. 
La piel está tersa y pálida, tensa como si en cualquier momento pudiera romperse. 
Te da la sensación de que no oyes tu propia voz y que al mismo tiempo sólo eres eso,  
tu voz. 
Cualquiera que te viera diría que pareces uno de esos cantantes que intentan romper una copa de cristal, y entonces ocurre que sientes las ventanas estallar a tu alrededor con las explosiones como coros de fondo de tus gritos. 
Después todo se acaba. 
Lágrimas gruesas ruedan por tus mejillas y cuando abres los párpados todo es caos salvo tú, que por fin estás en paz contigo mismo.


Dibujo y texto fechados el 25 de mayo de 2012

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