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Cierre de convocatoria y de la Semana de Alice


Es hora de cerrar la convocatoria juevera Cayendo por la madriguera del conejo blanco. ¿Qué tal habéis aterrizado?



En esta convocatoria hemos conocido nuevas y originales versiones de Alicia en el País de las Maravillas con protagonistas rebeldes y luchadoras, realistas y desorientadas con la vida adulta, ilusionadas y enamoradas, perdidas y encontradas gracias a hilos dorados... pero todas ellas manteniendo la esencia de Alice. Con algunos textos os habéis unido a la   Semana de Alice    y a la celebración de su nocumpleaños, por lo que este año la semana se ha extendido un par de días más.
 
 
 
 
 
 
De nuevo, ¡mil gracias por vuestra compañía!

Ahora, toca acompañar a Tracy en el próximo jueves.

¡Hasta pronto!
 
 
 
 

Relato juevero: Cayendo por la madriguera del conejo blanco

 
      CAYENDO POR LA MADRIGUERA DEL CONEJO BLANCO      

Como otras mil ciento treinta y ocho veces atrás, Alice cayó por la madriguera del conejo blanco. Nunca sabía adónde iba a parar, ¡ni de que forma! Importante el águila o el delfín.

Aquella vez, la mil ciento treinta y nueve, Alice aterrizó en lo que parecía un abarrotado anticuario, haciendo una pirueta en el aire y con su forma humana: una joven de cabello rizado rubio y ojos verdes como dos fuegos fatuos.

Calzada con sus botas militares, ya desgastadas por el trote, paseó por la estancia observando los objetos con curiosidad. Contó al menos diez relojes diferentes... ¿Acaso en ese lugar era donde se perdía el tiempo? Encontró un flamenco rosa disecado... ¡Pobre flamenco! Tres llaves y un candado que no se abría con ninguna de ellas. Tres tipos de sombreros que, sin duda, habían sido confeccionados por su amigo el Sombrerero. Dos piezas de ajedrez: un rey negro y un alfil blanco... ¿Quizás tenían una aventura más allá del tablero? Unas tijeras. Varios juegos de tazas de té que le encantarían a la Liebre de Marzo. Barajas incompletas debido a que sus cartas habían pasado a formar parte de la Guardia Real. Pócimas que, por supuesto, no iba a caer en la trampa de beber. Y una muñeca que le recordó a ella misma, lo cual le arrancó una sonrisa como la de Cheshire. Era su padre.

Hablando de gatos... ¿Lo que acababa de oír era un maullido? Siguiendo el sonido, Alice encontró un gatito negro atrapado en una tetera. En su collar había un colgante de chapa en el que se leía: Timeless memories. Depositando un beso en su cabecita, lo bautizó como Mara, en honor a ese país que tantas maravillas le había regalado. 

Mara y Alice vivieron felices y comieron mucha tarta de chocolate. 

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