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LA MARIPOSA NOCTURNA

Antes que nada, quiero disculparme por haber estado tan desaparecida en los últimos días (bueno, vale, han sido semanas)
Dije que iba a alternar capítulos de Alter Ego con otras entradas… y documentos escritos tengo, pero lo que me ha faltado ha sido tiempo.
Sí, tiempo, esa cosita que se escapa entre los dedos como si fuera arena.
Pensaréis: “¡Ya está Dafne echándole la culpa a objetos inanimados para salir indemne de la situación, cuando ha sido culpa suya y solo suya no haberse organizado bien!”
Puessssss… Sí, le estoy echando la culpa a objetos inanimados, me habéis pillado, pero no se trata de objetos inanimados normales y corrientes. Ha sido culpa de los malditos exámenes, de los trabajos, de las lecturas obligatorias, de las salidas con los amigos (eso también es una obligación, ¡eeeehh!, y si crees lo contrario, intenta evadirte de tu grupo un viernes por la tarde cuando hace veinticinco grados en la calle y llevas meses sin ver a ciertas personas) También estoy escribiendo mi libro y corrigiendo el primero, pues gracias al cielo cuento con personas maravillosas que me están ayudando a mejorar la historia, diciéndome si tengo escenas sosas o demasiado cargadas de acción, o si hay personajes poco desarrollados…
Claro que ahora que ha empezado el curso, mi prioridad son los estudios.




Pero bueeeeeno, ya estoy de vuelta :) . Sigo teniendo exámenes y todas esas cosas, pero al menos sé cómo voy a llevar el blog en las próximas semanas y espero acabar pronto el cuarto capítulo del relato de Crystal, del que ya tengo los dibujos escaneados y los adornos de la entrada preparados…


Vale, Joker, no hace falta que te pongas así... ya lo he pillado...

De esta forma aprovecho para adelantaros que el viernes subiré una entrada relacionada con… Bueno, supongo que todos sabéis qué pasa el viernes… ¿o no? Si no es así… ¡Sorpresaaaa!
Y como me ha fastidiado teneros en ascuas toda la semana y pico que no he publicado nada, aquí os dejo una pequeña escena que escribí anoche, aunque no creo que la reutilice en ninguno de mis proyectos :



La mariposa nocturna

El ordenador parpadeó una última vez antes de morirse.
«Todo es culpa de los naturalistas griegos —pensé, golpeando la pantalla con vagas esperanzas de reanimarlo—. Tantos problemas y enredos filosóficos no podían afectarles solamente a ellos, no señor, también han conseguido que mi portátil se ponga a pensar y se bloquee al darse cuenta de que no hay una solución correcta.»
Llevaba varias horas trabajando en mi proyecto de filosofía, después de varias horas estudiando el examen de inglés que tenía al día siguiente, y estaba simplemente agotada.
La noche daba golpecitos al otro lado de mi ventana, como si quisiera entrar en mi habitación, pero yo ni siquiera me había molestado en bajar la persiana; puede que fuera esa la razón por la que la noche seguía insistiendo y no paraba de repiquetear en el cristal.
Suspiré. Miré el portátil, muerto, y luego la noche. Decidida a que debía seguir trabajando fuese la hora que fuera, volví a encender el recalentado artefacto y me levanté con la idea de tomarme una taza de cacao para recuperar fuerzas y combatir el frío que poco a poco se empezaba a instalar en el otoño.
Salí de mi cuarto intentando no hacer ruido, pues mi familia dormía plácidamente en sus respectivas habitaciones, y fui directa a la cocina. Todo estaba a oscuras y tuve que apartar de mi mente las imágenes de la última película de miedo que había visto para no echar a correr y encender todas las luces de la casa en un impulso de terror.
Siguiendo la misma secuencia de siempre, me dirigí a un armario, cogí una taza, la llené de leche y la metí en el microondas. Pulsé los botones correspondientes sin pensar y a los pocos segundos la taza estaba dando vueltas en el plato giratorio y la cocina se había llenado de ese sonido característico que hacía el electrodoméstico al funcionar. Después cogí el cacao y una cuchara y me dirigí a la encimera. Los dejé sobre ella y observé por el rabillo del ojo cómo una mancha se movía arriba y abajo a mi izquierda.
Giré la cabeza rápidamente.
Entonces la vi.
La pequeña mariposa nocturna debía de haberse colado en el cuarto mientras mi padre preparaba la cena y tenía la puerta de la galería abierta, de modo que cuando había salido y la había cerrado, el insecto se había quedado atrapado en la habitación, así que ahora que yo había vuelto a encender la luz, había ido directamente a ella.
Vi con tristeza cómo la mariposa nocturna se golpeaba contra los focos del techo una y otra vez, como si estuviera desesperada. Pensé la de veces que había oído la frase de: “cuando te mueres, lo último que ves es una luz”, y me pregunté si su origen provenía de eso, de los insectos que vuelan directamente hacia esta y mueren calcinados. En realidad sabía que hay una razón científica para que los insectos lucífugos se sientan atraídos por la luz, pero mi cerebro estaba “Modo Filosofía”, no “Biología”, por lo que me quedé mirándola hipnotizada mientras subía, bajaba, se golpeaba contra el cristal y bajaba y luego volvía a subir…
A quién voy a engañar, se me ocurrió una escena y lo siguiente que hice fue agarrar un lápiz y unos posits que normalmente estaban destinados a la lista de la compra y me puse a escribir y garabatear.
Estaba rellenando el primer posit cuando la mariposa pareció darse cuenta de que tenía un espectador y se lanzó en picado sobre mi cabeza. En general nunca me ha gustado que me toquen el pelo, y tener a un bicho revoloteando entre los mechones no me hizo ninguna gracia. Me aparté rápidamente, y la mariposa, que parecía haber hecho eso solo para decirme «Si escribes sobre mí, pido derechos de autor», se posó en una bandeja que había sobre la encimera y se quedó ahí.
Me extrañó lo quieta que estaba, como si estuviera mirándome, como si nos estuviéramos mirando mutuamente.
Justo en ese momento sonó el microondas, recordándome que la taza ya estaba lista, así que corrí a acallar los pitidos. Cuando volví a dejar la taza humeante sobre la encimera, la mariposa ni se inmutó y continuó mirándome.
Me acerqué a ella, curiosa.
¿Quién estaba tan loco como para prestarle semejante atención a un bichito? Sin duda, yo.
Aprovechando su quietud, me dispuse a dibujarla a tamaño real; no medía más que mi uña pulgar, era grisácea, con motivos marrones en las alas que parecían ojos, y tenía forma de corazón.
En definitiva, me había gustado. Parecía maja.
Tanteé la idea de invitarle a tomar algo, de prepararle un chocolate a ella y pasar un buen rato conversando, pero supuse que lo que de verdad quería era salir.
Me incorporé y abrí la puerta de la galería. Una ráfaga allanó la habitación y dejé que la noche entrase por unos instantes en casa. Sin embargo, la mariposa nocturna no se movió. Quise creer que me había cogido cariño y por eso no quería irse. Pero claro, yo quería que ella se fuera y pudiera ir a casa de otras personas para conversar con aquellos que estuvieran haciendo un descanso en sus cocinas después de estudiar. Así que acerqué los posits a la bandeja y la espanté. La mariposa se elevó en el aire trazando espirales, siempre en movimientos circulares, y cuando me aseguré de que se había marchado, eché también a la noche y a la ráfaga que habían entrado y cerré la puerta de nuevo.
Mentiría si dijera que no sentí un pequeño pinchazo de soledad cuando me encontré sola en la cocina.
Cogí la taza. ¡Aún tuve que volver a meterla en el microondas porque se me había quedado fría tras tanto tiempo esperando! Luego me la bebí y volví a mi cuarto a seguir trabajando; puede que yo también fuera una especie de mariposa nocturna.




NOTA: Los gifs están sacados de Internet

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