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CARDO

 

Привіт!

Volvemos con una Variété para la convocatoria de Febrero: Metáfora. Esta vez Ginebra nos invita a plagar nuestro texto de metáforas, inspirándonos con las obras de Katie Watersell. Katie es una fotógrafa ucraniana, artista digital e ilustradora, que elabora composiciones fantásticas en las que la figura femenina es la protagonista. Como siempre, el texto puede ser tanto en prosa como en verso.

Давай!



©Katie Watersell

 
Cardo

Cuando Cardo nació, recibió aquel nombre porque su cabeza estaba cubierta de un hirsuto cabello moreno.

Aunque pasasen los años y su madre se lo cortase al rape, siempre crecía de la misma manera, lo cual era motivo de burla para los niños y las niñas del pueblo.

—¡Cardo es una bruja como su madre! —le gritaban mientras le tiraban piedras, obligándola a refugiarse en la tienda.

Su madre, Romero, era la herborista del pueblo, por lo que su casa-tienda siempre estaba abarrotada de plantas, frascos y libros. Algunos pueblerinos recelaban de ella, creyendo que de verdad se trataba de una bruja. Sin embargo, cuando necesitaban sus remedios al final siempre acudían a ella.

Cardo odiaba a la gente del pueblo. Conforme crecía, se envolvió en una coraza de espinas y se centró en sus estudios. Ahora, Cardo había cumplido el cuarto de siglo y su belleza era tan punzante como sus palabras.

Su figura era esbelta como la de una bailarina y su piel pálida como la Luna. Sus labios, carnosos y rosados, contrastaban con sus dientes blancos como perlas. Sus ojos grises revelaban una tonalidad violeta, como si sus irises tuvieran amatistas engarzadas alrededor de sus pupilas. Sus cejas se arqueabas como plumas y su corto cabello moreno coronaba su cabeza tan hirsuto como el día de su nacimiento.

—Cardo, querida, ¿te importa ir al bosque a por algunos ingredientes?

La verdad es que lo único que le apetecía era seguir en la cama leyendo, pero sólo por su madre se tragaba las espinas y suavizaba la voz:

—Ahora mismo voy, mamá.

En cuanto Romero le preparó la lista, se abrigó con una capa y se marchó con una cesta bajo el brazo.

Era febrero, así que el viento helador cortó sus mejillas conforme se alejaba de las casas y se introducía en el bosque. Debía admitir que este le daba un poco de miedo. Para encontrar los ingredientes debía apartarse de los caminos y explorar los lugares más frondosos e inhóspitos, hasta que a su alrededor sólo se escuchaban los sonidos típicos del bosque: las ramas de los árboles agitándose, el graznido de los pájaros, el cliqueo de los insectos, el murmullo de pequeños mamíferos... Oh, pero lo que más le preocupaba era el aullido de los lobos.

—Tranquila, Cardo —intentó calmarse a sí misma—. Un ingrediente más y podrás volver a casa a retomar la lectura.

¿Eran imaginaciones suyas o los aullidos se escuchaban cada vez más cerca?

Justo cuando estaba agachada desenterrando la planta, los lobos aparecieron. Eran cinco, mucho más grandes que cualquier perro y con pelajes de todas las tonalidades, desde gris azulado, a marrón rojizo y negro. Se limitaron a observarla con sus ojos ambarinos, como si quisieran entender qué estaba haciendo, y uno se aproximó a ella.

Cardo se quedó tan quieta como una estatua, aguantando la respiración. El lobo olfateó la planta que tenía entre las manos y luego subió la cabeza. De pronto, le propinó un lametón en el cuello. Su lengua era áspera y húmeda. Seguidamente, la dejó descolgada entre sus fauces, como si le estuviera sonriendo con una mueca burlona.

—¡Alú! ¡Ven aquí, la estás asustando!

Un hombre con uniforme verde se abrió paso entre los lobos. Alú le obedeció y se aproximó a él, buscando que le rascase detrás de las orejas.

—Buena chica... Perdona, los lobos aún se están acostumbrando al cambio de mando. Soy el nuevo guardabosques.

Cardo tardó unos segundos en comprender que se estaba dirigiendo a ella. Su voz grave y potente le había dado la impresión de que sería mayor, pero cuando se fijó en sus rasgos juveniles calculó que debía rondar su misma edad.

No era muy alto, pero su musculatura se marcaba en los contornos de su ropa. Su pelo era castaño claro, largo de modo que podía recogérselo en una coleta. Su piel estaba bronceada por el sol y la parte inferior de su mandíbula estaba cubierta de una espesa barba, bien cuidada. Sus ojos eran tan verdes como el bosque que lo rodeaba y de su oreja derecha pendía un aro dorado.

Una sensación totalmente nueva recorrió el cuerpo de Cardo, como si sus huesos se fundieran y un extraño calor se acumulase en su vientre.

—¿Estás bien?

Alú se había unido de nuevo a sus congéneres y el grupo se perdió en el bosque con un enérgico trote. El guardabosques se acercó a ella y le tendió una mano. Cardo la aceptó sin pensar; era grande y firme, endurecida por el trabajo.

De pie quedaban a la misma altura, y estaban tan cerca que apenas cabría un alfiler. Cardo se ruborizó y al instante se arrepintió de ello. ¿Qué puñetas le pasaba?

—Soy Lobo —se presentó él, ajeno a su azoramiento.

—Cardo.

Lobo se mostró confuso, mirándola a ella y a la planta que tenía aferrada en la mano derecha alternativamente.

—Sí, me llamo Cardo y estaba recogiendo cardos salvajes —bufó mientras ponía los ojos en blanco—. ¿Algún problema?

—¡No, no, ningún problema! —Por fin la soltó, dio un paso atrás y alzó los brazos en señal de apaciguamiento—. Es un nombre bonito. Pero... ¿para qué necesitas los cardos? De donde vengo se consideran una mala hierba.

—Mi madre es la herborista del pueblo. El cardo es una planta medicinal rica en minerales que ayudan a los músculos y al sistema nervioso, previene la osteoporosis, combate la hiperglucemia y mejora la digestión. —Lobo asintió para hacerle entender que estaba prestando atención a su explicación—. Además, el cardo con salsa de almendras está riquísimo.

—¿Es un plato típico de esta región? ¡Me encantaría probarlo!

—Estoy segura de que a mi madre no le importará preparar un plato de...

Cardo se mordió la lengua demasiado tarde. Sin embargo, Lobo también se dio cuenta de que quizás se estaban precipitando, y añadió rápidamente:

—No pretendía invitarme, perdóname. Llegué hace medio mes aquí. La cabaña en el bosque es muy solitaria, y las pocas veces que he paseado por el pueblo la gente se ha mostrado demasiado... hermética.

Cardo asintió con la cabeza y, tras pensarlo unos segundos, propuso:

—Si me ayudas a recoger más cardos, te invito a comer.

De hecho, probablemente Romero se alegraría de que su hija por fin se llevase bien con una persona que no fuera ella.

Lobo le dedicó una sonrisa lobuna y de nuevo le tendió la mano.

—Trato hecho, Cardo.

 

 

 


©Katie Watersell


18 comentarios:

  1. Muy bonita historia la de Cardo, pese a que los demás no le hacían la vida fácil, pero sin pensarlo encontró el amor. Curiosamente en la mitología romana Cardo protegía a los niños de los Vampiros. Recuerdo cuando niño juntar cardos cuando íbamos a casa de una de mis tías.

    Dulces besos sin espinas y dulce semana Dafne.

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    1. Me alegro de que te gustase el relato, Dulce. No conocía esa creencia respecto a los vampiros... Quizás por eso Cardo es más de lobos ;) También me pareció precioso tu recuerdo, mil gracias por compartirlo.
      Dulces besos de cardo con almendras y dulce 29 de febrero :3

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  2. Pues mi madre los prepara riquísimos... y eso que la primera vez que me los hizo le puse cara de: ¿perdona? esto se come? Besos.

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    1. ¡El cardo está riquísimo! <3
      Gracias por leer y comentar, Laura.
      Un besazo

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  3. Magnífica historia de un amor que se ve que comienza a florecer ajja, al menos a mí me ha dado esa impresión.
    Hay nombres que en realidad son difíciles de asimilar, para el género humano, pero siempre hay un alma gemela que te hace sentir que es todo un poema.
    Si ya nos pasamos al área alimentaria nunca lo he probado, pero sé que bien aliñado es un plato muy sabroso y nutritivo. Un besote Dafne, feliz semana.

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    1. Más flores y menos espinas para Cardo ;)
      Oh, pues te recomiendo totalmente probar el cardo con almendras. Está riquisísimo.
      Un besazo, Campirela, y feliz fin de mes.

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  4. Herborista, con remedios para el pueblo. Esa es la definición bruja. Por lo tanto, el pueblo no se equivocaba del todo llamar así a Romero.Y Cardo, su hija, era su ayudante, buscando los ingredientes en el bosque. Por tanto, casi que era bruja como su madre.
    Lo que sí eran injusto eran las burlas que le hacían.
    Una mujer con ese pelo que describís puede ser muy bella. Hasta puede ser una modelo.

    Interesante esa variación de Caperucita roja, en que Cardo obedece el pedid de su madre. Y los lobos, al nuevo guardabosques. Y parece que surgirá algo interesante, al gusto de Romero.

    Muy bien escrito. Besos.

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    1. Me ha gustado la idea de que Cardo pudiera ser modelo ;) Aunque creo que encaja más como bruja, tal y como dices.
      La fotografía de Katie es una versión más interesante de Caperucita Roja...
      Gracias por tus palabras, Demi.
      Un besazo

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  5. Un cuento magnífico, con esa niña peculiar. Por supuesto su madre estará encantada de que se haga amiga de alguien. Un texto cargado de sensibilidad y buen ritmo. Precioso.

    Un abrazo

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    1. Me alegro de que te gustase, Albada.
      Mil gracias <3
      Un abrazo

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  6. Me ha encantado tu descripción de Cardo! Y la segunda foto escogida de los lobos es genial! Estuve a punto de elegirla para mi relato pero las musas no quisieron inspirarme! Je je! Tu historia me gustó! Un abrazore Dafne!

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    1. Tengo pendiente leeros *.* ¡Estoy a mil cosas!
      Gracias por leer y comentar, Marifelita.
      Un abrazo

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  7. Un relato genial 🖤🖤🖤 ame a Cardo. Precioso.

    Un besote desde Plegarias en la Noche

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    1. No sé por qué, pero tu comentario acabó en SPAM :(
      Mil gracias, Tiffany 🖤
      Un besazo

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  8. Qué maravilla, mi querida Dafne. Has introducido la belleza de la metáfora en los propios personajes de la historia, así como en su desarrollo verdaderamente bonito y visual. Como fondo, no pasa desapercibido un tema actual que, desgraciadamente, afecta a muchos niños y niñas, pero tú lo has engalanado con esa valía que no ha de perderse, y ese amor ajeno que siempre aparece y que refuerza el propio.

    Un verdadero placer, preciosa 🥰
    Muchísimas gracias 🙏

    Abrazo grande, y muy feliz finde 😘🤗💙

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    1. Al final, la visión que tienen los demás sobre nosotras tiene gran influencia, aunque tratemos de probar lo contrario.
      ¡El placer de haber participado es mío, Gin! Una maravilla de convocatoria 💙
      Gracias a ti por prepararla e inspirarnos.
      Un abrazo y feliz 29 de febrero

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  9. Qué historia tan bella Dafne. A pesar de que las gentes del pueblo piensen que su madre es una bruja por sus pócimas, tisanas y brebajes, la pobre curandera, sanadora ayuda cuando le piden sus trabajos... Cardo a pesar del nombre es un cielo de niña y aunque se burlasen injustamente a ella no parecía importarle mucho y enseguida hizo migas con lobo. Me encantó desde principio a fin. Un abrazo

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    1. Me habéis dejado con una sonrisa al leer vuestros comentarios. ¡Qué bien que os hayan gustado Cardo y Lobo!
      Mil gracias por leer y comentar, Nuria.
      Un abrazo

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