[Diálogo entre Angy y Eric cuando se conocen. Para leer esa parte del relato PURA EMOCIÓN, clica aquí]
—¿Es la primera vez que vienes a Skeleton Moon, Angy? —Me preguntó Eric, apoyándose contra la pared de forma casual.
Me sentía completamente hipnotizada por sus ojos verdes.
—No, no es la primera vez... Descubrí el local el año pasado y vengo cuando necesito escapar del mundo exterior.
—Entiendo a lo que te refieres —asintió—. Me pasa lo mismo.
—Ah, por cierto, ¿no quieres nada de beber? —Caí en la cuenta de repente, pues yo seguía sosteniendo en una de mis manos mi bebida, mientras que él no mostraba ninguna.
—No, gracias. No bebo alcohol y ahora mismo no me apetece nada.
—La limonada está buena.
Le tenté mientras me llevaba el vaso a la boca para beber un sorbo. Eric no despegó los ojos de mis labios mientras lo hacía y, cuando volví a bajar el vaso, inquirió:
—¿Tampoco bebes alcohol? —Negué con la cabeza—. Hum, interesante... ¿Y cuáles son tus convicciones?
—Me gusta ser plenamente consciente de lo que hago y siento. Tampoco fumo ni tomo otras drogas menos legales. —Miré de reojo a las personas que teníamos a nuestro alrededor, que sí bebían, fumaban y de vez en cuando se intercambiaban alguna pastilla—. ¿Y tú?
—No —respondió, y sentí que la alegría invadía mi pecho—. Si me drogase no podría ir y venir en moto. ¿Cuál crees que es la probabilidad de que nos encontrásemos dos personas con los mismos ideales en un local como este?
Me quedé pensativa unos segundos.
—Casi todo el mundo ha probado alguna droga en algún momento de su vida. Al año, aproximadamente un 70% de la población en nuestro país bebe alcohol, un 40% fuma tabaco y un poco más del 10% consume marihuana. Los hombres suelen consumir más drogas que las mujeres, pero tampoco te creas que las mujeres se quedan muy atrás. La edad en la que se empieza a consumir drogas oscila entre los 16 y los 24, dependiendo de la droga.* Teniendo en cuenta que estamos en un local de ocio nocturno y la franja de edad... Yo diría que la probabilidad de que dos personas que no toman drogas se encuentren es muy baja.
—Entonces he tenido mucha suerte—amplió su sonrisa, divertido—. Bueno, a pesar de las drogas, la verdad es que me gusta el ambiente.
—¿Y tú desde cuándo vienes a Skeleton Moon, Eric?
—Desde que abrió, hace tres años. Me lo recomendó un amigo y me quedé completamente enamorado del esqueleto bebiendo en la Luna. Ponen buena música y la mezcla de subculturas es cautivadora. Hay temporadas en las que me es imposible venir por el trabajo —chasqueó la lengua—, pero siempre regreso.
—¿Ahora estás trabajando en alguna obra?
Asintió.
—¿Sabes los edificios que se están construyendo en el extrarradio del sector 7?
—Sí, es mi barrio —sonreí.
—Oh, pues ahí estoy ahora. El trabajo es duro, pero me gusta. Prefiero el cansancio de los músculos a tener la mente embotada por trabajar ocho horas seguidas frente a un ordenador.
Mientras daba el último sorbo a mi limonada volví a observar su cuerpo musculado y decorado por decenas de tatuajes.
—Me gustan tus tatuajes —cambié de repente de tema.
—Gracias. ¿Tú tienes alguno?
—Puede ser. Aunque, personalmente, prefiero los piercings.
Él también me observó de arriba abajo, sin disimular.
—Sobre todo me gusta cuando me están tatuando. Sentir la aguja penetrando en mi piel... La mezcla de dolor y placer, ¿sabes?
Parecía estar tanteándome con sus palabras.
—Te entiendo. A mí también me gusta esa mezcla.
Sus ojos ardieron con más intensidad.
—Te he preguntado si tienes compañía, pero... ¿y pareja? O alguna relación sentimental.
—No, no estoy con nadie ahora mismo. ¿Y tú?
Negó con la cabeza. Justo en ese momento comenzó a sonar Falling down de Ghostemane.
—¿Te apetece bailar? —me tendió una mano.
Me volví a estremecer al entrar en contacto con sus fuertes dedos.
—Por supuesto.