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PAUL NEWMAN



Hoy cumpliría 95 años uno de mis actores favoritos: Paul Newman.

Clickando en la imagen, llegaréis a un pequeño homenaje que escribí hace un tiempo.


http://indefinidamenteeneltiempo.blogspot.com/2015/09/paul-newman.html






CHANEL Nº5





"What do I wear in bed?
Why, Chanel No.5, of course."




23-03-16




"Marilyn, ¿qué es lo que llevas en la cama?"
"Yo sólo me pongo Chanel Nº5"






PAUL NEWMAN

¡Hey hou, bloggeros! ¿Qué tal habéis empezando el otoño?

Hoy, 26 de septiembre, he decidido que es un buen día para estar definida en el tiempo, pues hace 7 años exactamente nos dejó uno de los grandes mitos de la historia del cine:

Paul Newman



Para los que no lo conozcáis, Paul Leonard Newman, nacido en Shaker Heights, Estados Unidos, también un 26 pero de enero de 1925, fue un actor, director y productor estadounidense.

Con 17 años ingresó en el Kenyon College universitario, y al año siguiente se alistó en la Armada de los Estados Unidos. Cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945 en las bases de Okinawa y Guam durante la Segunda Guerra Mundial.
Su gran aspiración era convertirse en piloto militar, lo cual se lo impidió una deficiencia visual: el daltonismo. En efecto, los ojos azules más famosos de Hollywood eran daltónicos…
Tras esto, volvió a Kenyon, se graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano, del que fue expulsado. Seguidamente, gracias a una beca del ejército, estudió artes escénicas en Yale y el método Stanislavski en el actor’s studio, como oyente, durante una década.
Abriéndose paso como secundario en varias series norteamericanas, su primera película fue El cáliz de plata (1954) y su primer éxito llegó dos años después con Marcado por el odio, de Robert Wise.

A partir de ese momento no hizo más que crecer.





Desde entonces hasta la fecha de su muerte, ha sido nominado nueve veces al Óscar de la Academia como actor, ganó un Óscar honorífico en 1985 y, finalmente, en 1986, con El color del dinero, consiguió el de verdad. En 1993 se le concedió el Premio Humanitario Jean Hersholt.
También fue candidato a nueve premios Globo de Oro, y ganó uno en 1957 como Nueva estrella del año con El cáliz de plata, otro en 1969 como Mejor director en Rachel, Rachel, en 1984 obtuvo el Premio Cecil B. DeMille y en 2006 fue reconocido como el Mejor actor de reparto de serie, miniserie, o telefilme en Empire falls.
De la mano del Sindicato de Actores, ha sido candidato una vez, y resultado ganador en 2005 como Mejor actor de televisión, miniserie o telefilme en Empire falls.

En resumidas cuentas, carga a sus espaldas decenas de nominaciones.

A lo que quiero llegar es que, aunque tal número indica su importancia en el Séptimo Arte —solamente él, junto a Katherine Hepburn, Laurence Olivier, Jack Nicholson, Michael Caine y Meryl Streep, han estado nominados en alguna categoría interpretativa en ¡cinco décadas diferentes!— Paul Newman se ha ganado un hueco entre los mejores por la calidad de sus interpretaciones.
Sí, la cantidad de premios es importante, pero al fin y al cabo los obtuvo por la calidad de su trabajo.


Camino a la perdición 2002


Paul Newman es un actor impecable y polifacético que se cuela en tu mente nada más verlo en la pantalla. Además de reconocerlo fácilmente por su cabello rubio, sus ojos claros y sus rasgos masculinos, solía interpretar a personajes dramáticos con un elegante sentido del humor —quizás por eso me gusta tanto— pero que nunca rozaban el estereotipo; él conseguía darles tonalidades de melancolía, diversión, alegría, picardía, sarcasmo, rebeldía… ¡Algo que les falta transmitir hoy en día a muchos actores, vaya! Paul era todo eso al mismo tiempo, hacía papeles de malo y bueno a la vez, y te robaba el corazón.

En mi caso, lo conocí hace no-sé-cuántos años cuando retransmitieron en un canal El Golpe, y mi padre paró de hacer zapping y lo dejó en esa escena en la que hace creer que está borracho mientras está jugando una partida de póker en un tren.
Me enamoró su actuación, la forma que hacía perder los papeles al “malo” de la película cambiándole todo el rato el nombre… ¡Me reí…! No os podéis imaginar cuánto me encantó —O quizás, si habéis visto la película, sí lo sepáis.
Así que le pregunté a mi padre por el actor, pues por aquel entonces estaba empezando a alimentar mi vena cinéfila con nombres como: Clint Eastwood, Grace Kelly, Robert Redford, Jack Lemmon, Antony Perkins… Clásicos. De los mejores actores y actrices que probablemente existieron y vayan a existir jamás, y que seguirán sirviendo de modelos a los actores venideros.
Mi padre me contestó: «Es Paul Newman.» ¡Y lo dijo así! ¡Como si nada! Como si lo tuviera que conocer porque era el vecino que alguna vez había llamado al timbre cuando se le había acabado el azúcar. A lo que le pregunté si ya había visto alguna película suya, mirando la pantalla con ojos brillantes y carcajeándome por las escenas, a lo que él me respondió que no, que no creía.




Entonces grabé el nombre a fuego en mi mente hasta que lo volví a ver en otra película, esta vez en La leyenda del indomable.
Allí consiguió mi segundo broche de oro.
Con el paso del tiempo añadí a mi lista La gata sobre el tejado de zinc, Dos hombres y un destino —reconociendo allí a Robert Redford, ese “otro actor rubio que trabaja también con Paul en la peli del póker en el tren” que, en mi opinión, se ve completamente eclipsado por Newman—, Cortina rasgada —con Julie Andrews—, entre otras.
He visto varias veces las dos que he nombrado al principio, pues son mis favoritas, y curiosamente la última vez que recuerdo haber visto El golpe, el curso pasado, su imagen me recordó mucho a mi profesor de matemáticas, que también tiene los ojos claros, bigote y un corte de cara parecido.




Su última película como actor fue Camino a la perdición en 2002, de Sam Mendes y compartiendo elenco con Tom Hanks. En 2006 le puso voz a Doc Hudson, uno de los protagonistas de Cars de Pixar — que paradójicamente, fue la más taquillera de su carrera—, y pocos meses antes de anunciar el cáncer de pulmón, a finales de 2007, se despidió del mundo del cine.

En lo que respecta su vida personal, era aficionado al automovilismo —llegó a participar en carreras hasta los 70 años—, era el padrino de Jake Gyllenhaal y al igual que Clint Eastwood, era un consumado pianista, con cierta debilidad hacia el jazz y el blues. Estuvo casado dos veces, la primera con Jacqueline Witte, y la segunda con la actriz Joanne Woodward, considerada el amor de su vida.
                                                         

“¿Para que tontear por ahí con hamburguesas si tienes en casa un filete de primera?”


 Por supuesto, no solo fue una cara bonita o una figura del cine, sino que también contribuyó en proyectos humanitarios, perteneciendo a la Alianza para la Defensa del Medio Ambiente, representó a su país ante la Organización de las Naciones Unidas en la Conferencia para el Desarme y fundó campamentos para niños afectados por enfermedades graves. En 1990 fue nombrado “padre del años” por UNICEF, el mismo año en el que también fue propuesto como candidato a gobernador de Connecticut por un congresista demócrata. Creó la Fundación Scott Newman destinada a ayudar a personas drogodependientes, en memoria de su hijo fallecido por sobredosis en 1978. “No hay nada excepcional en ser filantrópico, es lo contrario lo que a mí me confunde”, decía.

Falleció a los 83 años, rodeado de su familia y dejándonos frases como: “No puedes recuperar tu vida cuando llega a su fin.” o “Esta es la vida que elegimos; y una cosa está clara: ninguno veremos el cielo”.

Así que Paul, estés donde estés,
GRACIAS




Paul en una carrera automovilística


Nota: las imágenes y vídeos están tomados de Internet.


M en M

Esta es la historia de un chico blanquito, Marshall, que nació en Sait Joseph, Missouri, en 1973, pero he de advertiros que no es una historia feliz, o por lo menos no al principio, y que para hablaros correctamente de ella, he de retroceder dos generaciones atrás…

St. Joseph, Missouri

Alcoholismo. Malos tratos. Inestabilidad… Así creció Betty, la abuela de Marshall.
Ella nació en Highland, Kansas, pero su madre dejó a su padre cuando tenía nueve meses y se mudó a ese pueblecito de gente trabajadora, dejándola a cargo de una abuela alcohólica y maltratadora.
«Murió tras una larga agonía a los 93 años y yo me alegré mucho. Me llamó a su lecho de muerte y yo le dije: “Me alegro de que te mueras”, y ella me preguntó: “¿Me perdonas?”. Yo le contesté: “No, no te perdono. Pegaste y maltrataste a una niña pequeña, a una niña inocente,… Sabes que vas a ir al infierno, ¿verdad?”. Ella me miró y entonces le dije: “Que Dios te ayude.”»
Betty

Aun con esa pesadilla, Betty soñaba con tener una familia feliz cuando fuera adulta, con muchos hijos, una casa con una valla blanca en el jardín,… pero todo se desmoronó cando se casó con el Sr. Nelson a los 14 años.
Poco después, tuvo a la madre de Marshall, Debbie.
Al principio la niña se moría de ganas de tener un hermanito, pero cuando Betty lo tuvo, se dio cuenta de que no estaba dispuesta a compartir las atenciones con su madre, hasta tal punto que un día mientras el bebé dormía la siesta, agarró la llave inglesa de su padre y estuvo a punto de darle con ella en la cabeza; desde ese momento Betty tuvo que vigilarla constantemente.
El matrimonio de Betty y el Sr. Nelson fracasó, y los niños crecieron con un padre distinto cada día. Uno de ellos atacó sexualmente a Debbie cuando esta tenía 12 años, pero no pudo acabar lo que empezó porque lo detuvieron. Lo metieron en la cárcel y, sin embargo, Betty no creyó a su hija. Desde entonces Debbie quiso alejarse de esa casa cuanto antes, y fue a los 14 años cuando conoció a su príncipe azul: Bruce, con el que se casó y tuvo a Marshall.


La historia de Marshall

Debbie y Bruce se mudaron a Dakota del Norte, pero allí la vida tampoco fue muy feliz. Bruce coqueteaba con otras mujeres y en casa le pegaba. Al final, Debbie huyó con Marshall a St. Joseph, cuando este solo tenía un año, y ambos estuvieron viajando de un lado para otro durante doce años hasta que llegaron a Warren, Michigan, un suburbio de Detroit.
El mejor amigo del chico siempre fue su tío Ronnie, que tenía su misma edad, pues Betty lo tuvo el mismo año que su madre lo tuvo a él.
Ronnie consiguió que se interesase por el hip hop y le enseñó a rapear como los negros para integrarse en su barrio. El problema era el color de su piel… y, aun así, él no se dio por vencido.
A los 14 años pasó a formar parte del dúo Soul Intent, con el que sacó álbum "Infinite" en 1996 (a principios de los años 90, Ronnie se suicidó, lo cual rompió completamente la relación de Marshall con su madre, que lo culpó de ello)
En 1997, mandó una maqueta al concurso Rap Olympics en los Ángeles, donde ganó el segundo premio, y en el 98 lanzó "The Slim Shady EP", utilizando por primera vez su seudónimo.
Supongo que hace párrafos que ya sabéis de quién hablo…




Gracias al famoso productor Dr. Dre, Eminem saltó a la fama, y sus rimas y su hip hop agresivo empezó a oírse por todo el Norte de América.
“The Marshall Mathers LP” se lanzó en mayo de 2000, del cual se vendieron más de 2,5 millones de copias, por lo que fue nominado a los Grammy como mejor disco del año. Sus letras siempre han producido mucha controversia, pero él sostiene que no hay que tomarlas “al pie de la letra”. De todos modos, el grupo de derechos de los homosexuales GLAAD lo acusó de homofóbico. Eminem respondió a esto cantando la canción “Stan” en la entrega de premios junto con el cantante Elton John, acabando la actuación con un abrazo para demostrar que él no tenía nada en contra de los homosexuales. 





Volviendo un momento atrás…

En 1999 Marshall se casó con Kimberley Anne Scott, con la que empezó a salir con 14 años (ella tenía 12).
Su relación fue tormentosa, llena de rupturas y reconciliaciones: en el 2000 Eminem pidió el divorcio y se reconciliaron a finales de ese año, pero Kim lo solicitó de nuevo en marzo de 2001.
En 1996 habían tenido una hija, Hailie, la luz del artista, por cuya custodia se emprendieron grandes batallas.

Retomamos el año 2000

A finales de ese año, Marshall golpeó con la culata de una pistola a un hombre que, aparentemente, se estaba propasando con Kim. Fue condenado a dos años en libertad condicional, un control estricto de consumo de drogas y la asistencia continuada de un psicólogo.
“The Eminem show” (2002) debutó en el número 1 de ventas en Estados Unidos y Europa, lanzado por el controvertido videoclip de la canción “Without me”.




Actuó como protagonista en la película “8 Mile” en 2002 y grabó muchas canciones nuevas para la banda sonora. La historia de la cinta es una especie de autobiografía que narra sus primeros pasos y el cómo se intenta ganar el respeto entre los raperos negros.




Bueno… Y creo que no hay mucho más que decir, excepto nombrar todos los éxitos de uno de los mejores raperos de todos los tiempos… o al menos, así lo considero yo. Es un hecho que sus canciones están repletas de violencia, insultos, de un humor oscuro y de historias impactantes… Sí. Pero son canciones llenas de sentimiento, y eso me gusta. Tienen parte de realidad, y aunque no te pares a escuchar la letra, cuando oyes la voz de Eminem te da la sensación de que te está acribillando a balazos. Es directo, tiene ritmo y hay veces que rapea tan rápido que parece que la letra es imposible.
Tal y como dice en “Guts over fear”:

"La leyenda del rubio enfadado quedará guardada en la memoria y en tu corazón cuando me vaya."


ALISSON

—¿Ves esos monstruos de cristal y acero en la lejanía, querido Shasha? Son como dos barras que pretenden tocar el cielo, dos espigas metálicas que no se mecen con el viento por mucho que este sople… Son dos torres,… ¡gemelas, además!, nacidas el 4 de abril de 1973… ¡No me mires así, Shasha! Sí, son viejas, pero yo soy más vieja todavía, así que si te comportas de forma tan escéptica con ellas, te estás comportando de igual manera conmigo. Bueno, vale, no pongas esa cara, ya sé que no era tu intención hacer un comentario ofensivo… A ver, qué te estaba diciendo… ¡Ah, sí! ¿Desde aquí consigues ver esa antena, en lo alto de esa torre? Bien, pues esa, se llama Torre Norte, y la otra, Torre Sur. Lo sé, lo sé, no son nombres muy imaginativos…
—Perdone, señora, ¿se dirige a mí?
El hombre joven, trajeado de negro, con camisa blanca y corbata de color vino que pasaba a su lado se detuvo cuando la oyó hablar.
—¡No, claro que no! —La anciana se rió, como si la respuesta fuera obvia y le hiciera gracia la pregunta—. ¡Hablo con mi gato!
—Ahms… Pues espero que pase una buena mañana con su gato, señora. Adiós…
—¡Adiós! —La mujer despidió al desconocido agitando una mano, alegre, y se dirigió de nuevo al gato negro que sostenía entre los brazos—. ¡Qué joven tan interesante, Shasha! ¿Te fijaste? ¡Creía que hablaba con él! Bueno, te sigo diciendo…
A los americanos ya pocas cosas les sorprenden, y una anciana hablando con su minino a las siete y media de la mañana en el Washington Market Park no iba a ser diferente; o al menos, no debería.
La historia de Alisson O’Connor había comenzado temprano en la residencia de ancianos. Se había aseado y vestido, había bajado a desayunar acompañada de Shasha, como siempre, y, aprovechando que los que guardaban el vestíbulo habían abandonado sus posiciones, se había escabullido por la puerta y había echado a andar hacia donde sus pies la llevasen.
—¿Ya te has cansado de jugar en el parque, querido? —Le preguntó pasados unos minutos de exhaustivo parloteo, dirigiéndose a la salida del parque con pasos que podrían ser los de una bailarina—. ¡Bufffff!, menos mal que te cogí justo a tiempo antes de que ese perro malo te alcanzase… No entiendo por qué los perros y los gatos os lleváis tan mal… ¿Les habéis hecho algo o qué?
Los ojos de Shasha, grandes y verdes como los de ella, se desviaron al perro en cuestión, que jugaba con su dueño a una prudente distancia después del incidente. Por encima del hombro de su ama le sacó los dientes, como si hubiera entendido sus palabras, y luego se giró de nuevo hacia Alisson, que se rió de nuevo.
—Vale, vale,… Tranquilo, fierecilla… —Le acarició el lomo con una mano, y el gato le respondió ronroneando a su oído.
La salida del parque desembocaba en St. Greenwich, una calle vistosa y agradable por donde pasear, ya fuera por los mercadillos ambulantes que se desplegaban a lo largo de una de las aceras como por los cafés y las terrazas que abrían sus ojos a lo largo de la otra. Allí había gente de todo tipo: familias con carritos y niños que correteaban; parejas sonrientes paseando de la mano y disfrutando lo que quedaba del verano; hombres y mujeres ajetreados hablando por teléfono que iban al trabajo apresuradamente, sin mirar apenas a las personas con las que se cruzaban excepto para no chocarse con ellas…
La anciana continuó andando en dirección sur, charlando con su gato y disfrutando de la libertad, que sabía soleada y olía a un bonito día, aunque sabía que tarde o temprano tendría que volver a la residencia —donde seguramente ya se habían percatado de su huída— y aguantar los reproches de la enfermera Sally. ¡Buf! Hacía ya tres años que la habían confinado en aquella cárcel, y aún con los reproches, estas breves escapadas siempre valían la pena.
—Mira, Shasha, ese edificio que tenemos delante es el World Trade Center… Pero lo veremos luego. Ahora, vayamos por aquí…
Se metió en una de las callejuelas de la izquierda para ir a parar a W. Broadway, paralela a St. Greenwich, y siguió su perpendicular St. Chambers hasta el Antiguo Palacio de Justicia del Condado de Nueva York. Si Alisson no se paraba en frente de los monumentos, lo hacía frente a las tiendas, para enseñarle todo lo que podía al preciado amigo que transportaba entre los brazos. Le leía los letreros de las calles, le explicaba el significado de las señales para los coches, comentaba con él el magnífico tiempo que hacía ese soleado martes de septiembre.
—¡Mira qué floristería tan bien organizada! ¿Te gustan las flores, querido? Yo sé muchísimas cosas sobre ellas… Sus nombres científicos, sus colores, su situación en el mundo, el cómo cuidarlas, o qué música tienen que escuchar para que florezcan en todo su esplendor… ¡Lo sé todo!
En ese momento, el florista salió del interior de la tienda seguido del mismo hombre trajeado con el que se habían encontrado en el parque.
—…¿y cuáles son los gustos de su amiga? —Le preguntaba, con una voz aguda que no casaba bien con su corpulento cuerpo—. Las rosas serían un acierto seguro…
—No —le interrumpió el cliente—. Las rosas están muy vistas. Yo quiero algo que la sorprenda, algo que le demuestre mi amor…
—¿Qué le parece un ramo de crisantemos azules? Son poco comunes, pero muy hermosos. ¿Le traigo uno para que lo vea? Mientras, puede quedarse aquí, barajando otras posibilidades.
El joven asintió con la cabeza, mirando cada flor con el ceño fruncido, y el florista volvió a entrar en la tienda.
Alisson, que había oído toda la conversación, aprovechó que el joven se había quedado a solas para acercarse a él.

UNA LEYENDA DEL BLUES

El pasado miércoles 16 de julio (según su página oficial de Facebook) falleció en Zúrich a los 70 años el guitarrista estadounidense
Johnny Winter .

En cuanto me enteré, supe que debía hacerle un homenaje.
He tardado un día en pensar y redactar el siguiente texto, y también en hacerle su dibujo correspondiente, pero aún así, un día no es nada comparado con los años que nos ha regalado este gran artista para disfrutar de su música. Porque, aunque no lo parezca, la música también está relacionada con los relatos y los dibujos, pues ¿acaso no escuchamos música mientras escribimos, mientras pintamos o mientras leemos? La música también cuenta historias…
Justamente, el otro día leí que la vida real tiene principio pero no final. Y esta, es una historia de la vida real:

John Dawson Winter nació en  Leland, Mississippi, el 23 de febrero de 1944, pero creció en Beaumont, cerca de Austin. Se podría decir que tenía una familia musical: su padre tocaba el saxofón y el banjo y había cantado mucho en coros de la iglesia, y su madre solía tocar el piano en las fiestas familiares. De niño empezó a tocar el clarinete, pero por casualidad encontró un ukelele y su padre le enseñó algunos acordes. Luego, aprendió a tocar la guitarra. Su hermano Edgard escogió los teclados, y juntos formaron su primer grupo: It And Them.
Winter desarrolló en seguida un gran amor por la música negra y compuso sus primeros blues. Muchos lo tomaban por loco, ya que, siendo albino, tocaba un repertorio negro, pero él no se dejó desmoralizar, trasladándose a los años sesenta a Chicago para estudiar y adquirir experiencia.

Una noche, a finales de 1962, su hermano y él fueron a ver a B. B. King a Raven. Como su gran aspiración era tocar al menos una vez con el famoso bluesman, hablaron con él, que muy sorprendido le pidió que le enseñara el carnet del sindicato de músicos; él se lo enseñó y entonces él aceptó, diciéndole: "Sin duda tú no conoces mis canciones". "Oh, no. —Le contradijo Winter—. Conozco todas sus canciones". Así que tocaron, el público aplaudió, encantado, y B. B. King le dijo que se convertiría en un músico importante en el transcurso del tiempo.
Cuando Winter regresó a Texas, ya era un músico experto y se volvió muy popular en todo el estado: tocaba con frecuencia en los mejores locales, con los mejores músicos, y se hizo apreciar por sus largos solos arrebatadores. 
En las décadas siguientes, publicó una veintena de discos y, tras Raíces, de 2011, estaba previsto que el próximo septiembre lanzara un disco de estudio, Step Back, que desgraciadamente se convertirá en su álbum póstumo.
Sin embargo, siempre se le recordará como uno de los bluesman más atípicos y geniales de la historia de la música, pues, tal y como dijo mi padre cuando comentábamos la noticia:


“Johnny Winter no ha muerto.
Las personas como él nunca mueren.”