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CHANEL Nº5
"What do I wear in bed?
Why, Chanel No.5, of course."
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23-03-16 |
"Marilyn, ¿qué es lo que llevas en la cama?"
"Yo sólo me pongo Chanel Nº5"
PAUL NEWMAN
¡Hey hou, bloggeros! ¿Qué tal
habéis empezando el otoño?
Hoy, 26 de septiembre, he
decidido que es un buen día para estar definida en el tiempo, pues hace 7
años exactamente nos dejó uno de los grandes mitos de la historia del cine:
Paul
Newman

Para los que no lo conozcáis, Paul Leonard
Newman, nacido en Shaker Heights, Estados Unidos, también un 26 pero de
enero de 1925, fue un actor, director y productor
estadounidense.
Con 17 años ingresó en el Kenyon
College universitario, y al año siguiente se alistó en la Armada de los Estados
Unidos. Cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945 en las bases de Okinawa y
Guam durante la Segunda Guerra Mundial.
Su gran aspiración era
convertirse en piloto militar, lo cual se lo impidió una deficiencia visual: el
daltonismo. En efecto, los ojos azules más famosos de Hollywood eran
daltónicos…
Tras esto, volvió a Kenyon, se
graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano, del
que fue expulsado. Seguidamente, gracias a una beca del ejército, estudió artes
escénicas en Yale y el método Stanislavski en el actor’s studio, como oyente,
durante una década.
Abriéndose paso como secundario
en varias series norteamericanas, su primera película fue El cáliz de plata (1954)
y su primer éxito llegó dos años después con Marcado por el odio, de
Robert Wise.
A
partir de ese momento no hizo más que crecer.

Desde entonces hasta la fecha de
su muerte, ha sido nominado nueve veces al Óscar de la Academia como
actor, ganó un Óscar honorífico en
1985 y, finalmente, en 1986, con El color del dinero, consiguió el de
verdad. En 1993 se le concedió el Premio
Humanitario Jean Hersholt.
También fue candidato a nueve
premios Globo de Oro, y ganó uno en 1957 como Nueva estrella del año con El cáliz de plata, otro en 1969 como
Mejor director en Rachel,
Rachel, en 1984 obtuvo el Premio
Cecil B. DeMille y en 2006 fue reconocido como el Mejor actor de reparto de serie, miniserie, o telefilme en Empire
falls.
De la mano del Sindicato de
Actores, ha sido candidato una vez, y resultado ganador en 2005 como Mejor actor de televisión, miniserie o
telefilme en Empire falls.
En resumidas cuentas, carga a sus
espaldas decenas de nominaciones.
A lo que quiero llegar es que,
aunque tal número indica su importancia en el Séptimo Arte —solamente él, junto
a Katherine Hepburn, Laurence Olivier, Jack Nicholson, Michael
Caine y Meryl Streep, han estado nominados en alguna categoría
interpretativa en ¡cinco décadas diferentes!— Paul Newman se ha ganado un hueco
entre los mejores por la calidad de
sus interpretaciones.
Sí, la cantidad de premios es
importante, pero al fin y al cabo los obtuvo por la calidad de su trabajo.
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| Camino a la perdición 2002 |
Paul Newman es un actor impecable
y polifacético que se cuela en tu mente nada más verlo en la pantalla. Además
de reconocerlo fácilmente por su cabello rubio, sus ojos claros y sus rasgos
masculinos, solía interpretar a personajes dramáticos con un elegante sentido
del humor —quizás por eso me gusta tanto— pero que nunca rozaban el estereotipo;
él conseguía darles tonalidades de melancolía, diversión, alegría, picardía,
sarcasmo, rebeldía… ¡Algo que les falta transmitir hoy en día a muchos actores,
vaya! Paul era todo eso al mismo tiempo, hacía papeles de malo y bueno a la
vez, y te robaba el corazón.
En mi caso, lo conocí hace
no-sé-cuántos años cuando retransmitieron en un canal El Golpe, y mi padre paró
de hacer zapping y lo dejó en esa escena en la que hace creer que está borracho
mientras está jugando una partida de póker en un tren.
Me enamoró su actuación, la forma
que hacía perder los papeles al “malo” de la película cambiándole todo el rato
el nombre… ¡Me reí…! No os podéis imaginar cuánto me encantó —O quizás, si
habéis visto la película, sí lo sepáis.
Así que le pregunté a mi padre
por el actor, pues por aquel entonces estaba empezando a alimentar mi vena
cinéfila con nombres como: Clint Eastwood, Grace Kelly, Robert Redford, Jack
Lemmon, Antony Perkins… Clásicos. De
los mejores actores y actrices que probablemente existieron y vayan a existir
jamás, y que seguirán sirviendo de modelos a los actores venideros.
Mi padre me contestó: «Es Paul
Newman.» ¡Y lo dijo así! ¡Como si nada! Como si lo tuviera que conocer porque
era el vecino que alguna vez había llamado al timbre cuando se le había acabado
el azúcar. A lo que le pregunté si ya había visto alguna película suya, mirando
la pantalla con ojos brillantes y carcajeándome por las escenas, a lo que él me
respondió que no, que no creía.
Entonces grabé el nombre a fuego en mi mente hasta que lo volví a ver en otra película, esta vez en La leyenda del indomable.
Allí consiguió mi segundo broche
de oro.
Con el paso del tiempo añadí a mi
lista La gata sobre el tejado de zinc, Dos hombres y un destino
—reconociendo allí a Robert Redford, ese “otro actor rubio que trabaja también
con Paul en la peli del póker en el tren” que, en mi opinión, se ve
completamente eclipsado por Newman—, Cortina rasgada —con Julie Andrews—,
entre otras.
He visto varias veces las dos que
he nombrado al principio, pues son mis favoritas, y curiosamente la última vez
que recuerdo haber visto El golpe, el curso pasado, su imagen
me recordó mucho a mi profesor de matemáticas, que también tiene los ojos
claros, bigote y un corte de cara parecido.

Su última película como actor fue
Camino
a la perdición en 2002, de Sam Mendes y compartiendo elenco con Tom
Hanks. En 2006 le puso voz a Doc Hudson, uno de los protagonistas de Cars
de Pixar — que paradójicamente, fue la más
taquillera de su carrera—, y pocos meses antes de anunciar el cáncer de
pulmón, a finales de 2007, se despidió del mundo del cine.
En lo que respecta su vida
personal, era aficionado al automovilismo —llegó a participar en carreras hasta
los 70 años—, era el padrino de Jake Gyllenhaal y al igual que Clint Eastwood, era un
consumado pianista, con cierta debilidad hacia el jazz y el blues. Estuvo
casado dos veces, la primera con Jacqueline
Witte, y la segunda con la actriz Joanne Woodward, considerada el amor
de su vida.
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| “¿Para que tontear por ahí con hamburguesas si tienes en casa un filete de primera?” |
Falleció a los 83 años, rodeado
de su familia y dejándonos frases como: “No puedes recuperar tu vida cuando
llega a su fin.” o “Esta es la vida que elegimos; y una cosa está clara:
ninguno veremos el cielo”.
Así que Paul, estés donde estés,
GRACIAS
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| Paul en una carrera automovilística |
Nota: las imágenes y vídeos están tomados de Internet.
M en M
Esta
es la historia de un chico blanquito, Marshall,
que nació en Sait Joseph, Missouri,
en 1973, pero he de advertiros que no es una historia feliz, o por lo menos no
al principio, y que para hablaros correctamente de ella, he de retroceder dos
generaciones atrás…
St. Joseph, Missouri
Alcoholismo.
Malos tratos. Inestabilidad… Así creció Betty, la abuela de Marshall.
Ella
nació en Highland, Kansas, pero su madre dejó a su padre cuando tenía nueve
meses y se mudó a ese pueblecito de gente trabajadora, dejándola a cargo de una
abuela alcohólica y maltratadora.
«Murió tras una larga agonía a los 93 años y yo me alegré mucho. Me llamó a su lecho de muerte y yo le dije: “Me alegro de que te mueras”, y ella me preguntó: “¿Me perdonas?”. Yo le contesté: “No, no te perdono. Pegaste y maltrataste a una niña pequeña, a una niña inocente,… Sabes que vas a ir al infierno, ¿verdad?”. Ella me miró y entonces le dije: “Que Dios te ayude.”»
Betty
Aun
con esa pesadilla, Betty soñaba con tener una familia feliz cuando fuera adulta,
con muchos hijos, una casa con una valla blanca en el jardín,… pero todo se
desmoronó cando se casó con el Sr. Nelson a los 14 años.
Poco
después, tuvo a la madre de Marshall,
Debbie.
Al
principio la niña se moría de ganas de tener un hermanito, pero cuando Betty lo
tuvo, se dio cuenta de que no estaba dispuesta a compartir las atenciones con
su madre, hasta tal punto que un día mientras el bebé dormía la siesta, agarró
la llave inglesa de su padre y estuvo a punto de darle con ella en la cabeza;
desde ese momento Betty tuvo que vigilarla constantemente.
El
matrimonio de Betty y el Sr. Nelson fracasó, y los niños crecieron con un padre
distinto cada día. Uno de ellos atacó sexualmente a Debbie cuando esta tenía 12
años, pero no pudo acabar lo que empezó porque lo detuvieron. Lo metieron en la
cárcel y, sin embargo, Betty no creyó a su hija. Desde entonces Debbie quiso
alejarse de esa casa cuanto antes, y fue a los 14 años cuando conoció a su
príncipe azul: Bruce, con el que se casó y tuvo a Marshall.
La historia de Marshall
Debbie
y Bruce se mudaron a Dakota del Norte, pero allí la vida tampoco fue muy feliz.
Bruce coqueteaba con otras mujeres y en casa le pegaba. Al final, Debbie huyó
con Marshall a St. Joseph, cuando
este solo tenía un año, y ambos estuvieron viajando de un lado para otro
durante doce años hasta que llegaron a Warren, Michigan, un suburbio de Detroit.
El
mejor amigo del chico siempre fue su tío Ronnie, que tenía su misma edad, pues
Betty lo tuvo el mismo año que su madre lo tuvo a él.
Ronnie
consiguió que se interesase por el hip hop y le enseñó a rapear como los
negros para integrarse en su barrio. El problema era el color de su piel… y, aun
así, él no se dio por vencido.
A
los 14 años pasó a formar parte del dúo Soul Intent, con el que sacó
álbum "Infinite" en 1996 (a principios de los años 90, Ronnie se
suicidó, lo cual rompió completamente la relación de Marshall con su madre, que lo culpó de ello)
En
1997, mandó una maqueta al concurso Rap Olympics en los Ángeles, donde ganó el
segundo premio, y en el 98 lanzó "The Slim Shady EP", utilizando por
primera vez su seudónimo.
Supongo
que hace párrafos que ya sabéis de quién hablo…
Gracias
al famoso productor Dr. Dre, Eminem
saltó a la fama, y sus rimas y su hip hop agresivo empezó a oírse por
todo el Norte de América.
“The Marshall Mathers LP” se lanzó en mayo de 2000, del cual se vendieron más de 2,5 millones de copias, por lo que fue nominado a los Grammy como mejor disco del año. Sus letras siempre han producido mucha controversia, pero él sostiene que no hay que tomarlas “al pie de la letra”. De todos modos, el grupo de derechos de los homosexuales GLAAD lo acusó de homofóbico. Eminem respondió a esto cantando la canción “Stan” en la entrega de premios junto con el cantante Elton John, acabando la actuación con un abrazo para demostrar que él no tenía nada en contra de los homosexuales.
“The Marshall Mathers LP” se lanzó en mayo de 2000, del cual se vendieron más de 2,5 millones de copias, por lo que fue nominado a los Grammy como mejor disco del año. Sus letras siempre han producido mucha controversia, pero él sostiene que no hay que tomarlas “al pie de la letra”. De todos modos, el grupo de derechos de los homosexuales GLAAD lo acusó de homofóbico. Eminem respondió a esto cantando la canción “Stan” en la entrega de premios junto con el cantante Elton John, acabando la actuación con un abrazo para demostrar que él no tenía nada en contra de los homosexuales.
Volviendo un momento atrás…
En
1999 Marshall se casó con Kimberley
Anne Scott, con la que empezó a salir con 14 años (ella tenía 12).
Su
relación fue tormentosa, llena de rupturas y reconciliaciones: en el 2000
Eminem pidió el divorcio y se reconciliaron a finales de ese año, pero Kim lo
solicitó de nuevo en marzo de 2001.
En
1996 habían tenido una hija, Hailie, la luz del artista, por cuya custodia se
emprendieron grandes batallas.
…Retomamos el año 2000
A
finales de ese año, Marshall golpeó
con la culata de una pistola a un hombre que, aparentemente, se estaba
propasando con Kim. Fue condenado a dos años en libertad condicional, un
control estricto de consumo de drogas y la asistencia continuada de un
psicólogo.
“The
Eminem show” (2002) debutó en el número 1 de ventas en Estados Unidos y
Europa, lanzado por el controvertido videoclip de la canción “Without me”.
Actuó
como protagonista en la película “8 Mile ” en 2002 y grabó muchas canciones nuevas
para la banda sonora. La historia de la cinta es una especie de autobiografía
que narra sus primeros pasos y el cómo se intenta ganar el respeto entre los
raperos negros.
Bueno… Y creo que no hay mucho más que decir, excepto nombrar todos los éxitos de uno de los mejores raperos de todos los tiempos… o al menos, así lo considero yo. Es un hecho que sus canciones están repletas de violencia, insultos, de un humor oscuro y de historias impactantes… Sí. Pero son canciones llenas de sentimiento, y eso me gusta. Tienen parte de realidad, y aunque no te pares a escuchar la letra, cuando oyes la voz de Eminem te da la sensación de que te está acribillando a balazos. Es directo, tiene ritmo y hay veces que rapea tan rápido que parece que la letra es imposible.
Tal
y como dice en “Guts over fear”:
"La leyenda del rubio enfadado quedará guardada en la memoria y en tu corazón cuando me vaya."
ALISSON
—¿Ves esos monstruos de cristal y acero
en la lejanía, querido Shasha? Son como dos barras que pretenden tocar el
cielo, dos espigas metálicas que no se mecen con el viento por mucho que este
sople… Son dos torres,… ¡gemelas, además!, nacidas el 4 de abril de 1973… ¡No
me mires así, Shasha! Sí, son viejas, pero yo soy más vieja todavía, así que si
te comportas de forma tan escéptica con ellas, te estás comportando de igual
manera conmigo. Bueno, vale, no pongas esa cara, ya sé que no era tu intención
hacer un comentario ofensivo… A ver, qué te estaba diciendo… ¡Ah, sí! ¿Desde
aquí consigues ver esa antena, en lo alto de esa torre? Bien, pues esa, se
llama Torre Norte, y la otra, Torre Sur. Lo sé, lo sé, no son nombres muy
imaginativos…
—Perdone, señora, ¿se dirige a mí?
El hombre joven, trajeado de negro, con
camisa blanca y corbata de color vino que pasaba a su lado se detuvo cuando la
oyó hablar.
—¡No, claro que no! —La anciana se rió,
como si la respuesta fuera obvia y le hiciera gracia la pregunta—. ¡Hablo con
mi gato!
—Ahms… Pues espero que pase una buena
mañana con su gato, señora. Adiós…
—¡Adiós! —La mujer despidió al
desconocido agitando una mano, alegre, y se dirigió de nuevo al gato negro que
sostenía entre los brazos—. ¡Qué joven tan interesante, Shasha! ¿Te fijaste?
¡Creía que hablaba con él! Bueno, te sigo diciendo…
A los americanos ya pocas cosas les
sorprenden, y una anciana hablando con su minino a las siete y media de la
mañana en el Washington Market Park no iba a ser diferente; o al menos, no
debería.
La historia de Alisson O’Connor había
comenzado temprano en la residencia de ancianos. Se había aseado y vestido,
había bajado a desayunar acompañada de Shasha, como siempre, y, aprovechando
que los que guardaban el vestíbulo habían abandonado sus posiciones, se había
escabullido por la puerta y había echado a andar hacia donde sus pies la llevasen.
—¿Ya te has cansado de jugar en el
parque, querido? —Le preguntó pasados unos minutos de exhaustivo parloteo,
dirigiéndose a la salida del parque con pasos que podrían ser los de una
bailarina—. ¡Bufffff!, menos mal que te cogí justo a tiempo antes de que ese
perro malo te alcanzase… No entiendo por qué los perros y los gatos os lleváis
tan mal… ¿Les habéis hecho algo o qué?
Los ojos de Shasha, grandes y verdes
como los de ella, se desviaron al perro en cuestión, que jugaba con su dueño a
una prudente distancia después del incidente. Por encima del hombro de su ama
le sacó los dientes, como si hubiera entendido sus palabras, y luego se giró de
nuevo hacia Alisson, que se rió de nuevo.
—Vale, vale,… Tranquilo, fierecilla…
—Le acarició el lomo con una mano, y el gato le respondió ronroneando a su
oído.
La salida del parque desembocaba en St.
Greenwich, una calle vistosa y agradable por donde pasear, ya fuera por los
mercadillos ambulantes que se desplegaban a lo largo de una de las aceras como
por los cafés y las terrazas que abrían sus ojos a lo largo de la otra. Allí había
gente de todo tipo: familias con carritos y niños que correteaban; parejas sonrientes
paseando de la mano y disfrutando lo que quedaba del verano; hombres y mujeres ajetreados
hablando por teléfono que iban al trabajo apresuradamente, sin mirar apenas a
las personas con las que se cruzaban excepto para no chocarse con ellas…
La anciana continuó andando en
dirección sur, charlando con su gato y disfrutando de la libertad, que sabía
soleada y olía a un bonito día, aunque sabía que tarde o temprano tendría que
volver a la residencia —donde seguramente ya se habían percatado de su huída— y
aguantar los reproches de la enfermera Sally. ¡Buf! Hacía ya tres años que la
habían confinado en aquella cárcel, y aún con los reproches, estas breves
escapadas siempre valían la pena.
—Mira, Shasha, ese edificio que tenemos
delante es el World Trade Center… Pero lo veremos luego. Ahora, vayamos por
aquí…
Se metió en una de las callejuelas de la izquierda para ir a parar a W. Broadway, paralela a St. Greenwich, y siguió su perpendicular St. Chambers hasta el Antiguo Palacio de Justicia del Condado de Nueva York. Si Alisson no se paraba en frente de los monumentos, lo hacía frente a las tiendas, para enseñarle todo lo que podía al preciado amigo que transportaba entre los brazos. Le leía los letreros de las calles, le explicaba el significado de las señales para los coches, comentaba con él el magnífico tiempo que hacía ese soleado martes de septiembre.
Se metió en una de las callejuelas de la izquierda para ir a parar a W. Broadway, paralela a St. Greenwich, y siguió su perpendicular St. Chambers hasta el Antiguo Palacio de Justicia del Condado de Nueva York. Si Alisson no se paraba en frente de los monumentos, lo hacía frente a las tiendas, para enseñarle todo lo que podía al preciado amigo que transportaba entre los brazos. Le leía los letreros de las calles, le explicaba el significado de las señales para los coches, comentaba con él el magnífico tiempo que hacía ese soleado martes de septiembre.
—¡Mira qué floristería tan bien
organizada! ¿Te gustan las flores, querido? Yo sé muchísimas cosas sobre ellas…
Sus nombres científicos, sus colores, su situación en el mundo, el cómo
cuidarlas, o qué música tienen que escuchar para que florezcan en todo su
esplendor… ¡Lo sé todo!
En ese momento, el florista salió del
interior de la tienda seguido del mismo hombre trajeado con el que se habían
encontrado en el parque.
—No —le interrumpió el cliente—. Las
rosas están muy vistas. Yo quiero algo que la sorprenda, algo que le demuestre
mi amor…
—¿Qué le parece un ramo de crisantemos
azules? Son poco comunes, pero muy hermosos. ¿Le traigo uno para que lo vea?
Mientras, puede quedarse aquí, barajando otras posibilidades.
El joven asintió con la cabeza, mirando
cada flor con el ceño fruncido, y el florista volvió a entrar en la tienda.
Alisson, que había oído toda la
conversación, aprovechó que el joven se había quedado a solas para acercarse a
él.
UNA LEYENDA DEL BLUES
El pasado miércoles 16 de julio
(según su página oficial de Facebook) falleció en Zúrich a los 70 años el
guitarrista estadounidense
Johnny Winter .
En cuanto me enteré, supe que debía hacerle un homenaje.
He tardado un día en pensar y
redactar el siguiente texto, y también en hacerle su dibujo correspondiente, pero
aún así, un día no es nada comparado con los años que nos ha regalado este gran
artista para disfrutar de su música. Porque, aunque no lo parezca, la música
también está relacionada con los relatos y los dibujos, pues ¿acaso no
escuchamos música mientras escribimos, mientras pintamos o mientras leemos? La
música también cuenta historias…
Justamente, el otro día leí que
la vida real tiene principio pero no final. Y esta, es una historia de la vida
real:
John Dawson Winter nació en Leland, Mississippi, el 23 de febrero
de 1944, pero creció en Beaumont, cerca de Austin. Se podría decir que tenía
una familia musical: su padre tocaba el saxofón y el banjo y había cantado
mucho en coros de la iglesia, y su madre solía tocar el piano en las fiestas
familiares. De niño empezó a tocar el clarinete, pero por casualidad encontró
un ukelele y su padre le enseñó algunos acordes. Luego, aprendió a tocar la
guitarra. Su hermano Edgard escogió los teclados, y juntos formaron su primer grupo: It And Them.
Winter desarrolló en seguida un gran amor por la música negra y compuso sus primeros blues. Muchos lo tomaban por loco, ya que, siendo albino, tocaba un repertorio negro, pero él no se dejó desmoralizar, trasladándose a los años sesenta a Chicago para estudiar y adquirir experiencia.

Una noche, a finales de 1962, su hermano y él fueron a ver a B. B. King a
Raven. Como su gran aspiración era tocar al menos una vez con el famoso
bluesman, hablaron con él, que muy sorprendido le pidió que le enseñara el carnet
del sindicato de músicos; él se lo enseñó y entonces él aceptó, diciéndole: "Sin
duda tú no conoces mis canciones". "Oh, no. —Le contradijo Winter—. Conozco
todas sus canciones". Así que tocaron, el público aplaudió, encantado, y
B. B. King le dijo que se convertiría en un músico importante en el transcurso
del tiempo.
Cuando Winter regresó a Texas, ya era un músico experto y se volvió muy
popular en todo el estado: tocaba con frecuencia en los mejores locales, con
los mejores músicos, y se hizo apreciar por sus largos solos arrebatadores.
En las décadas siguientes, publicó
una veintena de discos y, tras Raíces,
de 2011, estaba previsto que el próximo septiembre lanzara un disco de
estudio, Step Back, que
desgraciadamente se convertirá en su álbum póstumo.
Sin embargo, siempre se le
recordará como uno de los bluesman más atípicos y geniales de la historia de la
música, pues, tal y como dijo mi padre cuando comentábamos la noticia:
“Johnny Winter no ha muerto.
Las
personas como él nunca mueren.”
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