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RECOPILATORIO DE DIBUJOS DE ALTER EGO (parte 1)





      ¡Hey! Hacía mucho tiempo que no os traía nada de Alter Ego...
Supongo que los nuevos viajeros de Sine Die: Indefinidamente en el tiempo no sabréis de qué proyecto estoy hablando, así que aquí teneís un pequeño argumento:

¿Qué harías si un día te despertases y descubrieras que estás perdiendo tu reflejo? Este relato está narrado en primera persona por Crystal, una joven española cuya familia se mudó a Australia cuando ella y su hermana eran pequeñas. Conoceremos también a sus mejores amigos, Eithan y Mayrah, que comparten con ella su pasión por el surf, el rugby y la música. Sin embargo, un sorpendente suceso la conducirá a un lugar muy semejante a su mundo, pero poblado de monstruos y extraños grupos que intentan sobrevivir. ¿Os atrevéis a acompañarla?


¿Qué? ¿Os atrevéis?
¡Ya van 17 capítulos! Gracias a vuestros comentarios a medida que vais leyendo, y a un par de lectoras beta a las cuales les mando un millón de besos desde aquí, poquito a poco voy mejorando la historia. Puede que no la actualice tanto como me gustaría, pero es una de las que más tiempo llevo escribiendo (¡la tengo en la cabeza desde verano de 2014!), con carpetas llenas de apuntes, ideas, escenas y decenas de dibujos. Así que me he dicho: ¿y por qué no hacer un recopilatorio? Por supuesto, algunas sorpresas dejo que las descubráis por vuestra cuenta, y si queréis leer una historia ilustrada dentro del mismo mundo, podéis echar un vistazo en LMDE:inktober 2017.

¿Os va picando la curiosidad? Aquí el primer recopilatorio de ALTER EGO:

Capítulo 17: Judas



—¡Para, para, para!
Intenté alejar a Ciaran de mi cuerpo, pues volvía a acelerarse. Él ascendió de nuevo y nuestras bocas se encontraron.
—Lo siento —se disculpó, mientras mordía mi labio inferior—. Es que tenía tanas ganas…
No pude evitar sonreír; yo también había tenido ganas de que llegase ese momento.
Había pasado una semana desde la primera vez que nos besamos, así que volvía a ser miércoles. A primera hora había estado reparando goteras y como después tenía tres horas libres sin contar la comida, habíamos quedado en su habitación después de que él terminase su turno en el taller a las doce.
Le empujé hacia la cama y, en cuanto él cayó en el bordillo, me senté a horcajadas sobre su regazo y continué besándolo.
Para mi sorpresa, solíamos llevar nuestros escarceos con bastante naturalidad: quedábamos en las horas muertas, nos liábamos para descargar tensión, charlábamos un rato, volvíamos a liarnos y después regresábamos a la rutina.
Al principio se me hacía raro besarlo, como si se me hubiera olvidado el mecanismo desde la última vez que lo hice en aquella celebración de cumpleaños, pero luego me dejaba llevar y me resultaba curioso descubrir cómo mi cuerpo respondía ante sus caricias, cómo a veces parecía que él me entendía mejor que yo misma. Aunque, según Ciaran, a él también le resultaba curiosa yo.
—Uf, nunca antes me habían hecho sentir así… —gemía cuando le besaba el cuello.
—No sé, simplemente me dejo llevar…
—¡Tú déjate llevar cuanto quieras, cariño!
Sin embargo no teníamos aún la suficiente confianza como para dejarme llevar por completo.
En verdad, nuestra relación era puramente físico-química, nada emocional. Aunque seguramente ahora estaréis pensando: “los sentimientos también son química”. ¡Aj! Me habéis entendido, y Ciaran y yo lo dejamos muy claro desde el primer momento:

OCTUBRE: LMDE(ink)tober

¿Qué tal el inicio del mes, criaturillas indefinidas?

Esta vez vengo a hablaros del reto que estos días he estado preparando: el LMDEinktober. Se trata de una convocatoria del blog La maldición del escritor basada en escribir microrrelatos según las pautas del reto Inktober.

"Ehms, Daf... ¿y qué diantres es eso?"

Bueno, como creo que eso no aclara mucho el asunto...



¿Qué es el Inktober?


Ink: tinta
-tober: sufijo de October

Todos los días de Octubre los participantes pueden colgar en sus redes sociales (Twitter, Facebook) un dibujo propio. El quid está en que cada día, hay una palabra alrededor de la cual hay que crear la obra:




En el caso del LMDEinktober se participa con microrrelatos que no pueden superar las 150 palabras, y que estarán escritos sobre una imagen propia o con referencias a otro artista (también puede ser sobre un fondo blanco). Además de por la diversión de leer, dibujar y escribir, la participación en el LMDEinktober implica estar dentro de un concurso, en el que los finalistas pueden ganar libros muy, muy interesantes. Como en su propio blog está genial explicado, aquí os dejo las bases.

En Twitter iré colgando los relatos y los dibujos, tal y como dicen las instrucciones, y al final de cada semana haré una recopilación en el blog, puesto que he decidido que mis historietas estén relacionadas con el mundo de Alter Ego. Sin embargo, la protagonista no será Crystal, sino que introduciré nuevos personajes, y los 31 microrrelatos se podrán leer tanto independientemente como de seguido.

¿Os apuntáis?



Nota: Las imágenes han sido descargadas del blog La Maldición del Escritor





Capítulo 16: ¿Feliz? Año Nuevo



Los siguientes días en el complejo fueron tristes, tanto como unas Navidades sin nieve —típicas Australianas, ¡qué se le iba a hacer!— y tan llenos de preocupación como unas Navidades Australianas en las que nevase.
¿Cómo se podía celebrar la Navidad con tanta Muerte alrededor?
Para mí esa época solía ser feliz, aun dentro de esas riñas que siempre se despiertan con las reuniones familiares. Por regla general solíamos viajar a España para reunirnos, allá en mi ciudad natal, esa en la que hace tanto viento que en invierno la sensación térmica es de -40ºC y en verano llegamos a los 40ºC… ¡y el viento sigue sin parar!, como traído directamente del Sahara. De todas formas es una ciudad bastante tranquila, ni muy grande ni muy pequeña. Un poco seca, aunque tenga río, pero te acostumbras.
Las festividades siempre se viven a lo grande; las alegres charangas colorean las calles, cientos de personas se agolpan en las aceras para ver las procesiones, y cuando hay conciertos tiembla el mismo suelo.
Las de Navidades significan chiringuitos que venden churros, gofres, algodones de azúcar, golosinas y chocolate caliente, situados en la plaza más famosa, aquella en la que se halla la catedral que lleva su nombre. También implican la pista de patinaje que ahí mismo improvisan y el Belén a escala natural. ¡Casi puedo oler a regaliz, humo, frío e incienso! Por supuesto, son imprescindibles el gorro de lana, las bufandas y los guantes, aunque provengas de la helada Rusia; todos mis amigos de Europa del Este siempre han dicho que preferían el frío de allí, pues al menos no hacía tanto viento.
Tampoco faltaban las comidas con unos y otros abuelos, la llegada de mi primo y mi tía que vivían en la otra punta de España. Un par de años atrás, por ejemplo, viajaron con nosotros Mayrah y Eithan. Tuvimos que dejarles ropa de abrigo porque ellos no tenían ni una sola prenda, y la verdad es que fue muy divertido verlos tan tapados. Les enseñamos lo que era el frío de verdad, y un 26 de diciembre exactamente May y yo inventamos una nueva forma de pedir deseos: escribimos en unos papeles aquello que queríamos que se hiciera realidad, los quemamos en una cajita con un mechero y nos subimos a uno de los puentes más bonitos para, juntas, abrir la caja y que las cenizas se las llevara el cierzo.
Sin embargo también había algún año en el que nos quedábamos en Bayron Bay, y claro, entonces los planes se veían modificados ligeramente.







Capítulo 15: Piano Woman





Capítulo 15
Piano Woman
 
Nada más salir del cementerio Ada volvió a organizarnos:
—Vito, Roth, ponedle las tiras del plástico en las muñecas al preso. Lo acompañaréis al refugio inmediatamente. Nosotros cuatro nos dirigiremos al pueblo en busca de objetos que puedan sernos de ayuda, y de paso tú empezarás a habituarte a esta dimensión. Haremos allí noche y volveremos mañana. Vito, coge un mapa y un par de botellas. A él ni agua, y no permitáis que escape... Dame la mochila.
—No, ya la cargo yo —se ofreció Max, tratando de aferrar una de las asas cuando Vito se la pasó a su madre. Ada le dio un tirón y lo taladró con la mirada.
—La llevarás cuando yo mande —y luego añadió entre dientes—: aún no estoy tan vieja...
—De acuerdo —asintió Vito, al son que Roth maniataba a Athan y lo enderezaba para empezar a andar—. ¿Avisamos sobre...?
Enarcó las cejas.
—Sí. Corred la voz sobre lo que acabamos de oír y, por supuesto, avisad de las pérdidas de Jem y Layla. Tranquilizad el ánimo. Cuando volvamos reuniremos de nuevo a los Trece.
—No es buen presagio tantas reuniones en un lapso de tiempo tan corto —Roth escupió a un lado. Athan lo miraba con los ojos entornados, aún enrojecidos por el llanto; dos líneas de lágrimas habían barrido la suciedad de sus mejillas.
—Es lo que hay —replicó Ada. Con una brújula en la mano echó a andar, separándose del grupo—. Vamos. Ya hablaremos mañana. Por el momento, meditad. Y por favor: tened cuidado.
—Vosotros también.
Aquellas fueron las últimas palabras que intercambiamos antes de que nuestros caminos tomasen sentidos opuestos.

Capítulo 14. En la sombra del Valle de la Muerte

En la sombra del Valle de la Muerte

Después del ataque en la Cabaña del Caracol anduvimos dos horas hasta llegar al pueblo. El itinerario inicial planteaba evitar precisamente ese rodeo, pero al final no nos quedó otra opción. Con el sol amenazando con su caída a cada segundo transcurrido, entramos en la primera casa que encontramos y nos aseguramos de que en ningún rincón se escondiera ningún monstruo. Aún así, y por si las moscas, dormimos todos juntos en el salón abandonado. Apartamos todos los muebles hasta dejar el centro de la habitación libre, tapiamos las ventanas y bloqueamos las puertas. El sofá estaba destrozado e inutilizable, pero conseguimos varias mantas para extenderlas en el suelo y así evitar un poco mejor el frío, recostándonos directamente sobre ellas.
Cenamos en silencio. Athan llevaba alimentándose toda la semana de gachas y agua solamente. Sin embargo, desde lo ocurrido ayer por la noche, a Ada parecía habérsele agotado el espíritu de hospitalidad y hoy tampoco hubo ración para él.
Mientras masticaba mi comida y le veía mirar con odio a cada uno de nosotros, le di vueltas al hecho de que hubiera actuado con tanta tranquilidad durante el trayecto: no creía que fuera cuestión de la falta de alimento o de agua; más bien, parecía que aceptaba el intercambio. Aquel pensamiento me llevó a la conclusión de que Athan conocía el plan de Ada, y por consiguiente, yo era la única que no lo sabía.

Capítulo 13: Monstruos



El sábado por la mañana fui anulada de todas mis tareas, de modo que mientras esperaba a que Ada avisase al grupo a que nos marchásemos, decidí matar el tiempo en el laboratorio. Matar el tiempo… o, mejor dicho, rematar bichillos muertos que Zoon dejaba sobre su mesa de trabajo para diseccionarlos.
Me resultaban fascinantes todas aquellas criaturas, al mismo tiempo que me daban un poquito de repelús, pero no por el hecho en sí de abrirles el canal y remover entre sus entrañas para desentrañar su anatomía, sino porque me los imaginaba vivitos y coleando y, sinceramente, los prefería muertos —al menos así tenía la seguridad de que no me atacarían.
Ya había hecho prácticas de ese tipo en el laboratorio del instituto, y siempre me habían gustado bastante. Es completamente errónea la idea de que todas las mujeres no nos atrevemos a coger un cuchillo y abrirle el canal a una rana, al igual que lo es que a los chicos les encante este tipo de actividades; he llegado a ver cómo varios compañeros se ponían verdes nada más atisbar una gota de sangre. Es cuestión de tener estómago. ¡Y qué mejor cuando sacas los intestinos del animalillo y encuentras su estómago! Así cuentas con dos estómagos.
Zoon me había enseñado a llevar a cabo un procedimiento muy riguroso antes, mientras y después del experimento. Debía ponerme unos guantes para maniobrar, pues algunos cuerpos contenían sustancias altamente peligrosas si entraban en contacto con la piel. Unas gafas protectoras tampoco venían mal, y si no quería acabar manchada de pies a cabeza con fluidos indeseados, debía cubrirme con una especie de delantal de plástico que al terminar la sesión parecía un cuadro de Jackson Pollock. Debía asegurarme de tener todo el instrumental a mano y listo para su uso. La criaturilla que fuera estaría amarrada a la mesa para mantenerse en todo momento en su lugar, y la apuntaría una lámpara para verlo todo con todo detalle. Entonces, ya podría empezar.
Cortaría, separaría, enumerando órganos y memorizando características. Luego limpiaría los instrumentos y los dejaría en su sitio, me quitaría los guantes y dibujaría en un cuaderno de bitácora todo lo que había visto, anotando hasta el último detalle. Una vez esquematizado, volvería a colocarme los guantes y continuaría investigando. Haría análisis, extraería sangre, miraría a través de los microscopios… Así hasta estar satisfecha de ese primer estudio. ¡Me sentía como Leonardo Da Vinci!
En ese momento estaba trabajando con una criatura del tamaño de mi mano que tenía cuerpo de roedor, patas de lagarto y cabeza de insecto. De su vientre abierto de par en par emergía un olor similar a la hierba mojada por el rocío mañanero, y pude comprobar que poseía un aparato circulatorio de color verde oscuro; en vez de venas parecía tener tallos espinosos que terminaban en hojas cubiertas de capilares. Dichas ramificaciones unían dos corazones rojos tal rosas florecidas, y acerqué el cuchillo para cortar uno de ellos y poder estudiarlo con más detenimiento en otra bandeja. Después me fijé en que no había pulmones, por lo que supuse que respiraba por difusión. Sin embargo, los aparatos digestivo y excretor eran iguales que los de los mamíferos; estaba el hígado, los riñones, los intestinos, el estómago…
—Ada ha avisado que en 15 minutos debéis estar reunidos en el vestíbulo —Zoon entró en el laboratorio, siseando a través de una sonrisa—. ¿Qué tal vas con la Dama de corazones?
Me hice a un lado para que examinase mi trabajo y pude comprobar con satisfacción como asentía.
—¡Bien! Lávate, busca la ficha en el cuaderno y complétala. Ahora te tomaré el relevo.
Me retiré de la mesa a hacer lo que me decía. Trabajar con Zoon era una de las pocas tareas que de verdad me gustaban realizar en la instalación subterránea, pues me obligaba a centrar la mente en una sola actividad, algo que no me permitía el limpiar los baños, por ejemplo.
Dama de corazones, Dama de corazones… ¡Ah! Aquí está —Me había quitado los guantes y el delantal y por fin había encontrado en el cuaderno la página en cuestión—. Si ésta es la criatura femenina, ¿cómo llamas a la masculina? —Inquirí, mientras garabateaba rápidamente la información complementaria a la que ya estaba escrita.
El Rey de diamantes, pues en vez de corazones, tiene diamantes.
—¿En serio?
—En serio. Por eso son tan difíciles de encontrar. Los Cazadores de Tesoros los aniquilan para conseguir las piedras preciosas, de modo que hoy en día están en peligro de extinción.
—¿Y cómo es posible que un ser vivo sobreviva con diamantes como corazones?
Me giré en cuanto terminé.
Zoon se encogió de hombros.
—Las Damas de corazones tienen rosas como corazones. Los Reyes de diamantes tienen diamantes como corazones. ¿Sabes cuando usas la lógica sin más? Pues es esto. Una auténtica aberración.
—Pero si fuera lógico, las Damas de corazones deberían tener corazones como corazones, no rosas.
—Por eso, esto es ilógico.
Solté una carcajada.
—¡Entonces no tiene sentido la pregunta que has formulado!
Zoon me apuntó con un dedo terminado en una uña morada y afilada.
—No, lo que no tiene sentido es que en este caso la respuesta a la pregunta que he formulado (o sea, que esto es una aberración) tenga sentido, porque se trata de una situación ilógica.
—Bueno… Me voy ya o llegaré tarde… ¡Gracias por dejarme trabajar en el laboratorio, Zoon! ¡Nos vemos a la vuelta!
Me despedí de él agitando la mano mientras abandonaba el laboratorio. Miré un momento el reloj, percatándome de que eran las 7:36, y aceleré el pasó para llegar puntual al recibidor.
—Ale, ya estamos casi todos —exclamó Lana cuando llegué al punto de encuentro.
En total eran 7 rastreadores: Ada, Roth, Lana, Vito, Max, y un hombre y una mujer que aún no conocía, aunque esta vez también los acompañaríamos Athan y yo.
—Hum, ahí llegan Max y Roth con el preso—señaló Vito hacia uno de los      pasadizos—. La única que falta es Ad…
—¿Estáis todos preparados?
Ada hizo su aparición a las 7:45 en punto, seguida de Ángela y de Taylor, que nos despedirían en las escaleras.
Observé al extraño grupo que formábamos. Todos íbamos vestidos de negro, prácticamente con el mismo uniforme. Como en aquel lugar no parecía existir la ropa interior —aunque yo guardaba en mi habitación a buen recaudo mi bikini—, para sujetarnos el pecho las mujeres llevábamos atada bajo la camiseta una especie de banda que nos hacía parecer prácticamente planas, y en la parte inferior simplemente nos cubría el pantalón. De todas maneras no podíamos quejarnos: si bien la banda no resultaba atractiva, no nos asfixiaba y permitía movernos y correr con agilidad, como si en realidad no llevásemos nada.
De todos nosotros el que me llamó la atención fue Athan. Tenía un aspecto deplorable, lleno de sangre seca, tierra, sudor… Su cabello rubio parecía moreno, y lo único que resaltaba en una imagen tan oscura eran sus ojos azules, iguales a los de mi Athan pero completamente distintos. Entonces entendí el porqué se suele decir que los ojos son el reflejo del alma: dos personas pueden tener exactamente los mismos ojos, la mismas motas de color en los irises, las mismas pupilas, y en cambio mirar completamente distinto.
—De acuerdo… Éste es plan —se dispuso a explicarnos Adelaida, rompiendo mis pensamientos—: La misión se dividirá en 2-3 días. Nos llevará más o menos una jornada llegar a la Cabaña del Caracol para pasar la noche, contando los encuentros indeseados del camino y los enfrentamientos. En cuanto se vean los primeros rayos de luz, nos levantaremos, desayunaremos y nos pondremos en marcha hasta el lugar establecido —me percaté de su deliberada ocultación del nombre del lugar—. Calculo que tardaremos 3 horas, también asumiendo los posibles incidentes. A las 12 en punto ocurrirá el intercambio. Una vez finalizado, volveremos por la ciudad. Si oscureciese antes de llegar aquí, nos refugiaríamos en una de las casas y ya al tercer día volveríamos. Si no, al segundo día nos veremos de nuevo. ¿Alguna pregunta?
Sí, yo tenía muchas. No entendía de qué encuentro ni intercambio hablaba, aunque estaba claro como el agua que tenía que ver con Athan, ni a dónde nos dirigíamos para que salieran semejantes cuentas, pero me mordí la lengua.
—Yo tengo una pregunta… ¿Cómo podéis resultar tan imbéciles?
La voz de Athan sonaba pastosa, irónica y amarga.
El ambiente se tensó como la cuerda de un violín, pero Ada relajó la situación rápidamente dando dos pasos hacia él y propinándole un certero puñetazo que le reabrió una herida en el labio.
—¿Algo más? —nos miró a todos.
Athan escupió a un lado una mezcla de saliva y sangre, pero se mantuvo callado, mirándole con odio.
       —Perfecto… Nos veremos antes de Noche Vieja —se dirigió por última vez a Taylor y Ángela.





       Sin embargo, nos hizo un ademán para que nosotros saliéramos primero al exterior, y ella fue la que cerró la trampilla tras nosotros cuando subimos al polideportivo del instituto.Volvimos a cruzar los edificios en ruinas y nos internamos en el bosque.
       El sol brillaba en lo alto del cielo, haciendo resplandecer las hojas de los árboles como si el paisaje hubiera sido extraído de un cuento de hadas y no de uno de terror. Al principio me sentí ahogada al poder respirar tanto aire libre de golpe, pudiendo llenar mis pulmones de oxígeno puro y me ocurrió lo contrario a lo que me había sucedido aquella semana bajo tierra: me embargó el temor a los espacios abiertos.
       —Parémonos un momento para acostumbrarnos de nuevo al exterior —Ada nos hizo detenernos en un pequeño claro circular de cinco metros de radio—. La novata no es la única que necesita respirar —señaló a varios de sus compañeros, que también parecían un poco mareados, y se lo agradecí en silencio.
Tenía los sentidos abotargados y notaba que todo daba vueltas a mi alrededor, pero con transcurso de los segundos se me pasó.

Capítulo 12: Democracia asamblearia





Capítulo 12
Democracia asamblearia



Ada no tardó ni cinco minutos en organizarlo todo:
—¡Quiero a Los Trece reunidos en la sala común, YA! Corred la voz de que el fugitivo ha sido capturado y que Henry está muerto, pero que nadie salga de sus habitaciones hasta nuevo aviso... ¡Vosotros dos!, llevad el cadáver al laboratorio. ¡Vosotros cuatro!, quiero al preso atado de manos y tobillos de forma que no pueda ni incorporarse; nada de comida ni agua... ¡Vamos! ¡QUIERO MOVIMIENTO!
Max, que  había tenido que alejarse sí o sí para dejar que sus compañeros se llevasen a Athan, me agarró del brazo y me empujó hacia el exterior de la sala tras recibir una adusta mirada de su madre. Se había visto obligado a separarse de Mia bruscamente, sin poder consolarla como era debido.
—¿Qué va a pasar ahora? —pregunté de inmediato—. Mi habitación está en sentido contrario... ¡Y ni se te ocurra volverme a agarrar así, Max! ¡Me haces sentir violenta!
Me sacudí de su agarre con un bufido, y él respondió con un movimiento seco de cabeza.
—Ahora vamos a analizar lo que acaba de suceder y, ya que tú eres una de las testigos presenciales, también tienes que acudir al juicio. Mia vendrá... cuando esté más tranquila.
Continuamos nuestro camino hasta la Sala de los Silencios.
—Ada no deja que la consueles tú porque estáis juntos, ¿verdad?
Max se encogió de hombros, sin mirarme.
—En realidad eso no es asunto suyo, por consiguiente, es aún menos de tu incumbencia.
Vaya, vaya, vaya... ¡Con qué soltura había zanjado el tema el tío!
En seguida llegamos a la sala común. Ya habían llegado Alfie, François, Roth y David. Habían colocado cuatro sillas frente a la mesa, hacia las que me dirigió Max para que nos sentásemos. Supuse que una de las sobrantes estaba destinada a Mia, pero la última no tenía la más remota idea de qué posaderas iba a asentar. Me puso nerviosa tener que enfrentarme de nuevo a Ada en otro juicio, e intenté prepararme mentalmente para ello; cabeza fría, mucha calma y lógica. Sin embargo, Max no dejaba de mover la pierna y con eso no ayudaba a tranquilizar los nervios.
—¡Quieres parar! —le susurré.
Max paró tras darse cuenta de a lo que me refería, pero a los pocos minutos volvió a sumirse en ese movimiento involuntario, por lo que suspiré y me resigné a ignorarlo lo mejor que pude.
Mientras tanto llegó Viola, la mujer que se sienta al lado de David, y acto seguido Ciaran, que acompañaba a una pálida Mia.
Es curioso lo que nos viene a la mente en las situaciones más críticas, pues fue la primera vez que vi el parecido entre ellos. ¿Ciaran y Mia eran hermanos? Y si de verdad era así, ¿cómo no me había dado cuenta hasta ese momento?
Mia se sentó al lado de Max, que la abrazó con afecto.
Luego apareció Lana acompañada del de la máscara, ambos con una mirada de querer matar a alguien —Athan, se leía en sus miradas—.
Casi no me di cuenta de que Randall también había entrado en la sala hasta que no vi que lo seguía el hombre que había dado la voz de alarma, que se situó en la silla que había quedado al lado de la mía.
Llegaron Ada y Ángela y, tras una breve espera, llegó Zoon.
Sorry, tenía un muerto del que ocuparme —se excusó, sacando y metiendo la lengua bífida por entre la sonrisa e ignorando las miradas de asombro y rechazo debido a su comentario; la parte morbosa que tenía en mi interior se preguntó cuál era su trabajo con el cadáver. ¿Practicarle una autopsia? ¿Embalsamarlo? ¿Utilizarlo para alguna clase de experimento?
Al fin, ya estaban Los Trece.

Capítulo 11: La huída





Capítulo 11
La huída

Ha pasado una semana desde mi llegada al Otro Lado.
Como os podéis imaginar, echo muchísimo de menos a mi familia y a mis amigos. Echo de menos la manía de mis padres de quedarse encerrados horas y horas escribiendo sus libros en su despacho y después salir con cara de no pertenecer realmente a este mundo. Echo de menos hacer las comidas con Noa, asustarnos de que se nos queme la sartén e improvisar sobre la marcha con lo poco que hay en el frigorífico. Echo de menos salir por las tardes con Mayrah, ir a The Cavern para escuchar tanto grupos nuevos como antiguos y luego dar una vuelta por el pueblo, partiéndonos de risa cada dos pasos hasta que nos doblamos por la mitad y las rodillas dejan de sostenernos. Echo realmente de menos surfear con Eithan y quejarme de que apenas lo veo por su trabajo como modelo. ¡Hasta echo de menos a la pu…ñetera de Burilda!
Creo que lloro en sueños, cuando duermo, y lo peor es que al despertarme, una y otra vez me encuentro encerrada en el mismo mundo horrible.
Me ha costado adaptarme, lo admito, pero creo que la razón ha sido básicamente que no me apetecía hacerlo. No quiero habituarme a vivir en este lugar porque no quiero quedarme, sino volver a mi casa. Pero claro, para ello debo empezar a jugar bien mis cartas.
Con Ada apenas he vuelto a hablar. Suele salir de rastreo con el grupo, incluido su hijo, al que suelo ver por las noches en mis paseos nocturnos por el complejo. Sí, como habéis podido ver en el horario, ya sé que está prohibido salir de las habitaciones a partir de las once, pero no puedo evitarlo; me siento encerrada. Y como Max es el único de los que sale al exterior con el que hablo, aprovecho para sonsacarle toda la información sobre ese mundo de la superficie. ¿Qué seres hay? ¿Cuál es su origen? ¿También existen criaturas como las del mundo del que provengo? ¿Por qué nos escondemos bajo tierra? ¿Cuál es la misión del grupo al que pertenece Athan? ¿A dónde llevan a los que cazan?
Cientos de preguntas que Max responde como le viene en gana dependiendo de la naturaleza de éstas.
A veces contesta vagamente, utilizando un par de monosílabos y haciéndome entender que no le apetece dar más explicaciones, y en cambio otras veces parece dedicarme toda una tesis doctoral, en especial cuando me describe a las criaturas a las que se tiene que enfrentar ahí fuera.

Max
22-06-15
Aún recuerdo la respuesta más corta y fría que me ha dedicado desde que empezamos a hablar:
Los ojos marrón oscuro de Max se ensombrecieron y cesó de golpe cualquier movimiento.
—¿Cuál es el plan de Ada sobre Athan? —había preguntado yo, señalando el interior de la celda, en la que siempre estaba tendido el preso, como si se pasase la vida durmiendo.
—Eso no es asunto tuyo.
Yo me quedé helada ante la contundente respuesta y retiré la vista, dándole vueltas a la cabeza sobre lo que podía significar.
Estuvimos en silencio lo que me pareció una eternidad, y fue él quién decidió romperlo con una de sus habituales preguntas filosóficas:
—¿Qué sabe mejor: el chocolate o la vainilla?
Sin duda alguna Max me recordaba terriblemente a L, tan excéntrico, tan en su mundo, tan… Con una mirada tan atenta y profunda que parecía guardar en sus pupilas todas las preguntas y respuestas del universo.
Pero sobre todo esta semana he ido conociendo las tareas que se me han asignado, y sobre todo he pasado el tiempo con Ángela y el grupo de mi primer desayuno.